
La Plaza de la Paja, en uno de cuyos frentes se encuentra la Capilla del Obispo, se llama así porque en ella había costumbre de vender mediante subasta la paja que se daba como subvención a cada capellán y cabildo de la citada Capilla así como para el mantenimiento de las mulas que estos tenían para pasear. Por cierto que en en estos paseos los capellanes debían usar mantilla larga y negra y el criado traje y montera del mismo color.
Así lo cuenta Antonio Velasco Zazo, (1884-1960), cronista oficial de la Villa de Madrid, en un pequeño libro editado en 1924 y titulado “La Capilla del Obispo” 1 , que recientemente he adquirido al precio de 18€ a un librero de la Cuesta de Moyano. Como de este libro, encuadrado por su prolífico autor en el género de historia y crítica, “se han hecho muy escasos ejemplares” según se indica en una de sus paginas, doy por bien empleado el gasto.
El caso es que después de haberlo leído me ha entrado curiosidad por visitar este recinto “de lo más notable que existe en Madrid” y a ello me dirijo en esta fresca mañana de otoño.
Antes de partir, como suelo, hago acopio y repaso la documentación encontrada sobre esta capilla, informaciones que luego acostumbro a contrastar “in situ” .
Historia
La capilla de Santa María y San Juan de Letrán, mas conocida como la Capilla del Obispo, fue fundada por D. Francisco de Vargas, consejero de Fernando el Católico e Isabel de Castilla al cual solían recurrir los Reyes para que les auxiliara en los asuntos mas difíciles e intrincados hasta el punto de que en el lenguaje popular todavía se conserva viva la expresión “Averigüelo Vargas” para referirse a aquellas cuestiones que necesitan de la ayuda de una persona sabia y de confianza para conocerlos bien 2 . Este Francisco de Vargas pertenecía al linaje de los Vargas, una de las familias más poderosas entre las que se asentaron en Madrid durante la Baja Edad Media. Uno de sus antecesores, Iván de Vargas fue, según la tradición, amo de San Isidro Labrador.
Pues bien, quiso este D. Francisco de Vargas edificar una gran Capilla, para guardar en ella el cuerpo incorrupto de San Isidro que desde el siglo XII se hallaba en la vecina parroquia de San Andrés y para ello obtuvo autorización del Papa León X. Eligió para esta construcción un solar de su propiedad en el que antes parece estuvieron las casas de Luis González Clavijo, llamado el Oídor, camarero del rey Enrique III y de Ruy González de Clavijo, y, donde probablemente hubiera ya una capilla anterior, mas pequeña, erigida en tiempos de Alfonso VIII. Las obras, dirigidas por el Hermano de Ávila, comenzaron en 1520 y para cuando se terminaron, en 1535, ya había muerto Don Francisco.
En este punto de la historia aparece un personaje singular, D. Gutierre de Carvajal y Vargas (1506- 1559), Obispo de Plasencia desde 1524, hijo del anterior, un auténtico prelado del Renacimiento de cuya vida y obra damos cuenta en nota a pie de página 3. Fue este Don Gutierre quien pudo ver acabadas las obras y trasladados a este lugar los restos de San Isidro, que estuvieron en esta capilla solo hasta 1544, pues la santa mudanzao causó una auténtica guerra con la clerecía de la inmediata parroquia de San Andrés que finalmente logró el retorno de los asendereados restos del santo que aquí reposaron hasta su traslado a la catedral de San Isidro en el siglo XIX. Este enconado asunto por los restos santos motivó que ambos edificios que estaban pared con pared quedaran a partir de entonces aislados físicamente al cerrarse el arco que comunicaba la capilla recinto con la iglesia y tribuna de San Andrés.
Visto lo visto, Don Gutierre, que no debía cortarse un pelo, tomó la decisión de reformar la capilla para trasformarla en un suntuoso recinto funerario para él (falleció en 1558) y para sus padres, el ya mentado D. Francisco de Vargas y su esposa Inés de Carvajal. A este fin, amplió el recinto hasta los pies y costeó un magnífico retablo y unos no menos imponentes monumentos funerarios, dotando a la capilla de toda una serie de objetos de plata y ropas litúrgicas de gran valor, que todavía se conservaban en 1661 4, pero de los que hoy se ha perdido el rastro.
Es a partir de ahora cuando este recinto será conocido con el nombre de Capilla del Obispo, del que cuentan todos los días se cantaban allí las horas, igual que en las colegiatas, por lo cual tenían maestros de música, organistas y niños de coro. El más famoso de todos fue Vicente Espinel, inventor de la décima en poesía y autor de la Vida del Escudero Marcos de Obregón quien disfrutó la plaza de capellán, como maestro de capilla de música y aquí murió el 4 de febrero de 1624, siendo enterrado en la bóveda de San Andrés.
La historia posterior de la capilla es menos afortunada. En el siglo XVIII sufrió muchos daños como consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755. A fines del siglo XIX, según explica Tormo 5 “el patronazgo familiar cedió el uso de la capilla y la mansión [de los Vargas] al primero de los Círculos Católicos de Obreros de Madrid y a la Junta organizadora de todos ellos”. Entonces la capilla se restauró “cuidadosa y demasiado sistemáticamente, con notables excesos”, perdiéndose los retablos laterales y las estatuas de la cornisa 6.
En 1920, según refiere Velasco Zazo 7, testigo presencial, se hundió parte de la casa colindante “por detrás de la capilla donde el ábside, hacia la rinconada que comunica con San Andrés, quedando al descubierto las arcadas superiores”.
En 1931 la capilla del Obispo fue declarada monumento nacional.
En 1936, la capilla se salvó milagrosamente de la quema que afectó gravemente a la colindante San Andrés, según María Elena Gómez Moreno “gracias a estar tapiada la comunicación entre ambas y ser la capilla desconocida de los incendiarios, pues estaba habitualmente cerrada y su acceso desde la plaza de la Paja, en nada indica que se trata de una iglesia”8.
Después de haber pasado por diversas manos la Casa de Alba la cedió al Arzobispado de Madrid 9.
Con motivo de la capitalidad cultural de Europa, la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento de Madrid y la Archidiócesis de Madrid decidieron rehabilitar el conjunto formado por la Casa de San Isidro, la parroquia de San Andrés y la capilla del Obispo, siguiendo un plan diseñado por el arquitecto Javier Vellés. Después de la Casa de San Isidro, transformada en museo, de la Capilla del Santo, premio Europa Nostra de Restauración y de la parroquia de San Andrés le tocó el turno a la Capilla del Obispo.
Durante los trabajos de restauración aparecieron en el suelo de la capilla en torno al ábside enterramientos y restos humanos de al menos una docena de personas, niños y adultos (uno de 1,85 m.) que parecen responder a ritos mozárabes 10.
Según mis informaciones la capilla del Obispo ya ha sido restaurada, después de más de setenta años durante los cuales el templo ha estado semicerrado al público, por lo que me decido a visitarla.
Mi gozo en un pozo (y no en el de San Isidro)
Saliendo del metro de la Latina me encamino recorriendo presto las Plazas de la Cebada y el Humilladero en el corazón del Madrid musulmán y bajomedieval hacia la “colina sagrada” expresión a todas luces exagerada procedente de Répide y Azcárate, pasando por delante del Museo de los Orígenes, la Casa de San Isidro y la imponente mole de la Capilla de San Isidro de la iglesia parroquial de San Andrés.
Bajando por la Costanilla de San Andrés y deteniéndome un momento para hacer una fotografía ante el muro donde un azulejo decorado recuerda que “Hasta mediados del siglo XIX aquí estaba el pasaje voladizo que comunicaba la casa de los Lasso de Castilla con la tribuna de la iglesia de San Andrés. Cuando los Reyes Católicos se alojaban en aquella casa usaban el pasaje para ir a la iglesia”, llego a la Plaza de la Paja y ¡oh decepción! cerrada a cal y canto está la capilla sin atisbo de cartel alguno que indique días y horarios de visita. Recorriendo el camino a la inversa pregunto en el museo y me dicen que creen que el monumento ha sido ya restaurado pero que aún no se ha dispuesto su visita si bien no me lo pueden asegurar puesto que no depende del Ayuntamiento. Me he de contentar pues con la contemplación del exterior, realizar unas fotografías y esperar mejores tiempos.
Exterior
Exterior de la Capilla del Obispo
A las primeras puertas del templo se llega por una escalera de doble vertiente de acceso hoy imposible. A Tormo le gustaba esta solución. Decía que era “muy característica con verdadero sabor de época”. También le parecían interesantes la galería alta y las cornisas; anotaba, en cambio, que los hierros y rejas de los balcones eran recientes. Como única decoración se observa solo un escudo de la familia Vargas en el antepecho de la balaustrada. Debajo de esta hay otra puerta enrejada que, al parecer, da acceso a la cámara sótano.
Puertas exteriores
Lo más notable que puedo atisbar son las puertas de doble hoja y fuertemente guarnecida de clavos de los llamados de “cazo”. Se atribuyen a algún escultor del círculo de Francisco Giralte 11, el escultor palentino discípulo de Berruguete. Los relieves, bien conservados o restaurados, están finamente tallados en madera y se cobijan bajo arcos de medio punto. En la parte superior, a la derecha aparecen el Angel y la Virgen componiendo la escena de la Anunciación, a la izquierda vemos, a un lado, a Isaac portando la leña para el sacrificio y al otro a Jesús con la Cruz a cuestas. Mas abajo en sendos medallones figuran San Pedro y San Pablo, y los escudos de la casa fundadora.
No puedo apreciar más. Por eso esta narración queda aquí interrumpida hasta que la Archidiócesis de Madrid tenga a bien disponer la apertura al público de este monumento desconocido para los amantes del arte que pasa por ser de las obras mas suntuosas del Gótico final (en arquitectura) y del Renacimiento castellano (en escultura) de Madrid y seguramente de España.
© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2008
Si te ha interesado este artículo y quieres preguntar, comentar o aportar algo al respecto puedes escribir a mi dirección de correo electrónico manuelblas222@gmail.com con la seguridad de ser prontamente atendido.
Difunde entre tus amistades este blog.
Gracias. Manuelblas
NOTAS
1. Antonio Velasco Zazo. La Capilla del Obispo Madrid. Imp.Cinema, 1924.
2. Fray Prudencio de Sandoval, obispo de Pamplona, autor de “Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V” (Pamplona, 1603), cita a Vargas, consejero de Fernando el Católico e Isabel de Castilla, en un nota manuscrita que dice así: “Licenciado Francisco de Vargas, colegial de Santa Cruz de Valladolid, por quien se dijo “Averigüelo Vargas, porque a el remitían los Reyes todos los negocios, para que los averigüase en muchos oficios de gran confianza que tuvo en estos Reinos” (recogido por José María Iribarren en “El porqué de los dichos”, Gobierno de Navarra. Departamento de Educación y Cultura, 7ª edición, 1984, págs.14-15.
3. Don Gutierre de Vargas y Carvajal fue el segundo de los hijos del matrimonio de D.Francisco de Vargas con Doña Inés de Carvajal. Desde muy joven, debido posiblemente a la influencia de su padre, ocupó altas dignidades eclesiásticas. Con solo 13 años era canónigo de la catedral y, a la vez, Abad de Santa Leocadia en la capital toledana. En 1524, a los diecinueve fue promovido al Obispado de Plasencia aunque sus gustos iban más por los derroteros de la a vida mundana y militar que por los caminos de la religión. Parece que tuvo un hijo natural con una dama toledana y se comportaba en todo como un auténtico prelado del Renacimiento. Sin embargo este género de vida cambió radicalmente luego de haber asistido al Concilio de Trento, por orden del emperador Carlos V. Allí conoció a los jesuitas Laynez y Salmerón y leyó los “Ejercicios espirituales” de San Ignacio. A partir de entonces su vida fue ejemplar. Fundó en Plasencia un colegio de jesuitas para la formación de futuros sacerdote y, aquejado de gota, murió en la villa cacereña de Jareicejo el 27 de abril de 1559. Su vida ha sido estudiada por Asunción Fernández Hoyos “Don Gutierre de Vargas, un madrileño del rRnacimiento”. Madrid. Caja Madrid, 1994.
4. José Luis Barrio Moya. “La madrileña capilla del obispo de Plasencia según el inventario de 1661”. Coloquios históricos de Extremadura (consulta en Internet).
5. Elías Tormo. Las iglesias del Antiguo Madrid. Reedición de los dos fascículos publicados en 1927. Prólogo del Marqués de Lozoya. Notas de María Elena Gómez Moreno. Instituto de España, 1972, pág. 44.
6. Quizás esta restauración a que se refiere Tormo, fuera la realizada por los arquitectos Olavarría y García Guereta, ordenada por el Obispo Cos en 1895, pero no estoy seguro. Agradecería aclaración.
7. Velasco Zazo, ob. cit. Pág. 41.
8. Nota al libro de Tormo, pág. 43.
9. Los Alba debían ser herederos de los Marqueses de San Vicente, descendientes de los Vargas y estos,a su vez del Conde de Paredes, pero no estoy seguro de ello. Agradecería aclaración.
10. Rafael Fraguas. El País 17.11.2006.
11. Francisco Giralte nació en Palencia en 1510. Discípulo de Alonso de Berruguete, trabajó con su maestro en la sillería del coro de la catedral de Toledo. Artista muy prolífico, realizó numerosos retablos, entre ellos los de las iglesias de Cisneros y Villamentero de Campos, asi como el dela capilla del Doctor Corral en la Magdalena de Valladolid, tal vez su obra más personal. A causa de un pleito con Juan de Juni por la adjudicación del retablo de Nuestra Señora de la Antigua, que ganó el francés, Giralte se trasladó a Madrid, siendo requerido por Don Gutierre de Vargas y Carvajal para las obras de su capilla. Intervino también Giralte en el retablo de la localidad segoviana de El Espinar, falleciendo en Madrid en 1576.