domingo 13 de diciembre de 2009

"Noche fantástica" de Stefan Zweig



Hasta el oro de la vida se baja por muchas minas
Stefan Zweig

“De una manera sigilosa -escribe Antonio Muñoz Molina- vuelven a la actualidad los libros de Stefan Zweig , después de muchos años de olvido o de ese purgatorio triste de las librerías de lance”. 1

Ciertamente, las obras de Stefan Zweig (1881-1942) fueron muy leídas en España durante los años 30 y 40 del pasado siglo. Una de sus biografías, la de María Antonieta, es fama que fue lectura predilecta de los refugiados en embajadas extranjeras en el Madrid en guerra. Otra de sus obras más conocida “Momentos estelares de la humanidad”, subtitulada “Cinco miniaturas históricas” (1927) alcanzó tiradas inusitadas en su época (más de 250.000 ejemplares) y en Alemania y Austria de entreguerras llegó a ser lectura obligatorias en muchas escuelas.

Más, con el trascurrir del tiempo, las obras de Zweig, perdieron popularidad. Se le consideraba “anticuado” pues sus novelas reflejaban un mundo desaparecido tras la Segunda Guerra Mundial, solo apto para nostálgicos y gente mayor. Antes de eso el escritor, que era judío y sufrió por ello la persecución nazi y el exilio, desengañado y deprimido por el curso de la guerra, se había suicidado junto a Lotty, su esposa en un hotel de Petrópolis (Brasil), el 22 de abril de 1942.

Durante los años de mi juventud, leí poco a Zweig, aunque una obra suya, quizás la única que llegó a mis manos y que luego no he vuelto a releer, “La piedad peligrosa” leila de un tirón en una espantosa colección popular (Reno) y confieso que entonces me impresionó profundamente. Ya no leí nada más suyo, aunque en mi biblioteca, en ese otro purgatorio de los libros comprados y no leídos, tengo varios títulos suyos: los inevitables “Momentos estelares”; “24 horas la vida de una mujer”; “Amok”;Los ojos del hermano eterno” publicadas por editorial Apolo de Barcelona en cuidadas encuadernaciones con pastas duras, además de alguna biografía, la de Dostoievsky, esta de Editorial Juventud.

En los últimos años ha renacido el interés por la obra de Zweig, especialmente a partir de la aparición de su autobiografía titulada “El mundo de ayer” (Editorial El Acantilado, ) calificada de “conmovedora”por la escritora Rosa Montero 2 y que todavía no he tenido ocasión de degustar, a pesar de las recomendaciones insistentes de algunos amigos (es una de mis deberes pendientes que espero cumplir en 2010).

Esta feliz recuperación de las obras de Zweig se ve favorecida por las convicciones de que el autor hizo gala a lo largo de su vida y que están presentes en su obra: su pacifismo, su fe en el progreso moral de la Humanidad, puesto en entredicho a partir del ascenso del nazismo en su país, y sobre todo por su europeísmo, creencia en una Europa supranacional mas allá de las naciones que la forman y de los enfrentamientos bélicos entre ellas.

No obstante, a mi juicio, las anteriores son más bien razones editoriales que, consonantes con la situación actual del mundo, animan al rescate de sus obras. Lo fundamental, lo que más puede interesar, pienso, a las nuevas generaciones de lectores, son sus valores literarios, su habilidad narrativa, la perfecta descripción de caracteres y de ambientes, su conocimiento, en suma, “de los entresijos del alma humana”.

A este propósito tengo en las manos un libro de relatos de Zweig que quiero hoy recomendar a los lectores de este blog. Su título es “Noche Fantástica” (Narrativa del Acantilado, Barcelona, 2005) y esta integrado por siete magníficas narraciones: “Primavera en el Prater”; “En la nieve”; “Escarlatina”, despertar a la vida de un joven estudiante (“¿acaso todo lo desconocido y maravilloso que ansiaba no estaba unido a las mujeres, no eran ellas las guardianas de todos los secretos, seductoras y promisorias, deseosas y deseadas a un mismo tiempo”, pp. 71-72); “La institutriz”; “Novelita de verano”; “Noche fantástica”, que da título al libro, un extraño y apático joven siente en un instante de su vida un inusitado y repentino amor por sus semejantes (“Ahora sentía que debía abrirme, salir de mi con una palabra, con una mirada, compartir con los demás, derramarme, entregarme hacerme como todos, redimirme..., liberarme de algún modo de aquella costra dura de silencio que me aislaba del cálido elemento que fluía a mi alrededor”, p.212).

Dejo para el final mi preferido “El pago de la deuda atrasada”, vigoroso relato escrito en forma epistolar donde una mujer madura cuenta a otra un encuentro sorprendente con un artista, ídolo de su juventud. No es para contarlo, sino para ser leído.

A veces he oído decir que hay una literatura de hombres y otra de mujeres. Mas que distinción de géneros, por sus autores o lectores, lo que hay, creo yo, es buena o mala literatura. La de Zweig, es, no me queda duda, después de leer este libro de relatos, es de la mejor literatura. Decidme, cuando lo leáis, si estáis de acuerdo.

© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2009

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NOTAS

1. Antonio Muñoz Molina. La vida por delante. Un europeo. El País semanal (no guardo marcada la fecha)

2. Rosa Montero “Una pequeña luz en las tinieblas”. El País semanal 12.05.02

martes 8 de diciembre de 2009

La Condesa de Casa Flores

De entre las muchas y variadas exposiciones que actualmente pueden visitarse en Madrid hay una que en mi opinión no deben perderse los amantes del Arte. Me refiero a la titulada “Mirar y ser visto. De Tiziano a Picasso. El retrato en la colección del MASP”, en la Fundación MAPFRE. Salas de Exposiciones del Paseo de Recoletos 23 (hasta el 20 de diciembre). Se reúnen allí 33 obras maestras del siglo XVI al XIX procedentes de las colecciones pictóricas del Museu de Arte de Sao Paulo Assis Chautebriand con obras desde Tiziano, Velázquez, Goya, Franz Hals o Van Dyck hasta Corot, Manet (maravilloso su “Retrato de Marcellin Desboutin”), Cezanne, Toulouse-Lautrec, Modigliani o Picasso.

El título de esta muestra pictórica, aunque largo, es afortunado. Los retratos que vemos nos miran tanto como nosotros los miramos a ellos. Los retratados parecen que nos siguen por la sala con sus miradas y, a la vez que nos informan de si mismos, parecen interrogarnos acerca de nuestros gustos y sensibilidades.

El Museu de Arte de Sao Paulo Assis Chautebriand es una institución sin fines de lucro fundada en 1947 por iniciativa del periodista Assis Chautebriand (1892-1968) con la ayuda del crítico de arte, marchante y anticuario italiano Pietro María Bardi (1900-1999), director del museo hasta 1990. Ellos reunieron la más importante colección de arte europeo de Latinoamérica, especialmente de pintura italiana y francesa, en particular de pintura impresionista. La colección se formó mediante compras en las más reputadas galerías de arte europeas y norteamericanas, sobre todo entre 1947 y 1954, financiadas privadamente por donadores y mecenas, a cambio de transacciones y favores, con métodos de persuasión muchas veces criticables. Mas adelante sus fondos se nutrieron únicamente con donaciones. Es un museo muy didáctico que desde 1968 tiene su sede en la Avenida Paulista de la ciudad de Sao Paulo en un edificio singular proyectado por Lina Bo Bardi (1914-1992). 1

Este Museo tiene, a los efectos que nos interesan, una pequeña pero selecta colección de arte español entre las que figuran obras de Velázquez, (“Retrato del Conde Duque de Olivares”, adquirida en 1948, por 65.000 $, que figura en la exposición), El Greco, Zurbarán, Carreño, Goya y Picasso. De Goya tiene el Museo cuatro cuadros, que pueden verse expuestos en Madrid, creo que por vez primera y son a cual más interesante. El “Retrato de Juan Antonio Llorente”, (1813) autor de la “Historia crítica de la Inquisición española” y amigo del pintor; el “Retrato del cardenal Luis María de Borbón y Villabriga” (1783), del cual existe una réplica el el Museo del Prado; el “Retrato de Fernando VII” (1805-1808) y el que nos ocupa, el “Retrato de la Condesa de Casa Flores” ( 1790-1797) 2.


Retrato de la Condesa de Casa Flores 1790-1797. Óleo sobre lienzo 112 x 79 cm.

Reconozco que nunca antes había visto, ni siquiera en reproducción, este “Retrato de la Condesa de Casa Flores” (¿no será de Casa Florez?) y que me ha impresionado hasta el punto de haber acudido varias veces a contemplarlo. María Rafaela Gutierrez de Terán , que así se llamó la retratada, fue esposa del segundo conde de Casa Flores, embajador de España en Viena y San Petersburgo. En el catálogo de esta exposición se nos cuenta que este personaje estuvo relacionado con un episodio de la presencia portuguesa en Sudamérica y en Brasil. Parece que tuvo cierto protagonismo en un préstamo concedido en la plaza militar de Montevideo a un oficial portugués que representaba a la Corona y quien, con el dinero obtenido, pudo pagar a las tropas lusas asentadas en aquella ciudad que habían amenazado con regresar a la metrópoli. Como no conozco bien la historia del Brasil no puedo quitar o poner nada más al relato.

Pero, lo más importante no es el contexto histórico sino lo que la imagen dela retratada trasmite al espectador. Fijémonos en primer lugar en la blancura del vestido que lleva puesto la aristocrática dama. Ocupa un espacio considerable del lienzo y parce expandirse ante nuestra vista a medida que vamos bajando la mirada. Contrasta el blanco del vestido con el rostro, serio y poco agraciado, quizás un poco triste, de la condesa. Siempre me he preguntado por qué las mujeres de los cuadros de Goya nunca sonríen, salvo quizás las “Majas” que parecen dirigir una leve sonrisa cómplice a sus admiradores. Una interpretación que no me convence, es que quieren trasmitir una sensación de independencia frente al hombre, de valía por si mismas. Rose Marie & Rainer Hagen 3, lo llaman “marcialidad”, término que me resulta poco apropiado para una mujer. El cuadro sin desmerecer de su función documental, el retrato de la representada, presagia, en una época todavía temprana de su arte, una libertad creativa, mediante el tratamiento de la forma y del color, de la que hará gala Goya en años posteriores. Solamente por eso, y por el resto de los cuadros, algunos admirables, merece la pena, amigo@ que te acerques a la exposición antes de que llegue la Navidad.

© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2009

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NOTAS

1. Esta información está obtenida de Internet www.itaucultural.org.br

2. Véase P. M.. Bardi “Artistas españoles en el Museo de Sao Paulo” en Revista de Cultura Brasileña, editada por la Embajada de Brasil en España, número 44, junio de 1977, págs. 19 a33 (disponible en Internet).

3. Goya. Rose Marie & Rainer Hagen. Iberdrola. Tachen. El País 2007, p.44

domingo 6 de diciembre de 2009

La Capilla del Obispo (I)


La Plaza de la Paja, en uno de cuyos frentes se encuentra la Capilla del Obispo, se llama así porque en ella había costumbre de vender mediante subasta la paja que se daba como subvención a cada capellán y cabildo de la citada Capilla así como para el mantenimiento de las mulas que estos tenían para pasear. Por cierto que en en estos paseos los capellanes debían usar mantilla larga y negra y el criado traje y montera del mismo color.

Así lo cuenta Antonio Velasco Zazo, (1884-1960), cronista oficial de la Villa de Madrid, en un pequeño libro editado en 1924 y titulado “La Capilla del Obispo” 1 , que recientemente he adquirido al precio de 18€ a un librero de la Cuesta de Moyano. Como de este libro, encuadrado por su prolífico autor en el género de historia y crítica, “se han hecho muy escasos ejemplares” según se indica en una de sus paginas, doy por bien empleado el gasto.

El caso es que después de haberlo leído me ha entrado curiosidad por visitar este recinto “de lo más notable que existe en Madrid” y a ello me dirijo en esta fresca mañana de otoño.

Antes de partir, como suelo, hago acopio y repaso la documentación encontrada sobre esta capilla, informaciones que luego acostumbro a contrastar “in situ” .

Historia

La capilla de Santa María y San Juan de Letrán, mas conocida como la Capilla del Obispo, fue fundada por D. Francisco de Vargas, consejero de Fernando el Católico e Isabel de Castilla al cual solían recurrir los Reyes para que les auxiliara en los asuntos mas difíciles e intrincados hasta el punto de que en el lenguaje popular todavía se conserva viva la expresión “Averigüelo Vargas” para referirse a aquellas cuestiones que necesitan de la ayuda de una persona sabia y de confianza para conocerlos bien 2 . Este Francisco de Vargas pertenecía al linaje de los Vargas, una de las familias más poderosas entre las que se asentaron en Madrid durante la Baja Edad Media. Uno de sus antecesores, Iván de Vargas fue, según la tradición, amo de San Isidro Labrador.

Pues bien, quiso este D. Francisco de Vargas edificar una gran Capilla, para guardar en ella el cuerpo incorrupto de San Isidro que desde el siglo XII se hallaba en la vecina parroquia de San Andrés y para ello obtuvo autorización del Papa León X. Eligió para esta construcción un solar de su propiedad en el que antes parece estuvieron las casas de Luis González Clavijo, llamado el Oídor, camarero del rey Enrique III y de Ruy González de Clavijo, y, donde probablemente hubiera ya una capilla anterior, mas pequeña, erigida en tiempos de Alfonso VIII. Las obras, dirigidas por el Hermano de Ávila, comenzaron en 1520 y para cuando se terminaron, en 1535, ya había muerto Don Francisco.

En este punto de la historia aparece un personaje singular, D. Gutierre de Carvajal y Vargas (1506- 1559), Obispo de Plasencia desde 1524, hijo del anterior, un auténtico prelado del Renacimiento de cuya vida y obra damos cuenta en nota a pie de página 3. Fue este Don Gutierre quien pudo ver acabadas las obras y trasladados a este lugar los restos de San Isidro, que estuvieron en esta capilla solo hasta 1544, pues la santa mudanzao causó una auténtica guerra con la clerecía de la inmediata parroquia de San Andrés que finalmente logró el retorno de los asendereados restos del santo que aquí reposaron hasta su traslado a la catedral de San Isidro en el siglo XIX. Este enconado asunto por los restos santos motivó que ambos edificios que estaban pared con pared quedaran a partir de entonces aislados físicamente al cerrarse el arco que comunicaba la capilla recinto con la iglesia y tribuna de San Andrés.

Visto lo visto, Don Gutierre, que no debía cortarse un pelo, tomó la decisión de reformar la capilla para trasformarla en un suntuoso recinto funerario para él (falleció en 1558) y para sus padres, el ya mentado D. Francisco de Vargas y su esposa Inés de Carvajal. A este fin, amplió el recinto hasta los pies y costeó un magnífico retablo y unos no menos imponentes monumentos funerarios, dotando a la capilla de toda una serie de objetos de plata y ropas litúrgicas de gran valor, que todavía se conservaban en 1661 4, pero de los que hoy se ha perdido el rastro.

Es a partir de ahora cuando este recinto será conocido con el nombre de Capilla del Obispo, del que cuentan todos los días se cantaban allí las horas, igual que en las colegiatas, por lo cual tenían maestros de música, organistas y niños de coro. El más famoso de todos fue Vicente Espinel, inventor de la décima en poesía y autor de la Vida del Escudero Marcos de Obregón quien disfrutó la plaza de capellán, como maestro de capilla de música y aquí murió el 4 de febrero de 1624, siendo enterrado en la bóveda de San Andrés.

La historia posterior de la capilla es menos afortunada. En el siglo XVIII sufrió muchos daños como consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755. A fines del siglo XIX, según explica Tormo 5 “el patronazgo familiar cedió el uso de la capilla y la mansión [de los Vargas] al primero de los Círculos Católicos de Obreros de Madrid y a la Junta organizadora de todos ellos”. Entonces la capilla se restauró “cuidadosa y demasiado sistemáticamente, con notables excesos”, perdiéndose los retablos laterales y las estatuas de la cornisa 6.

En 1920, según refiere Velasco Zazo 7, testigo presencial, se hundió parte de la casa colindante “por detrás de la capilla donde el ábside, hacia la rinconada que comunica con San Andrés, quedando al descubierto las arcadas superiores”.

En 1931 la capilla del Obispo fue declarada monumento nacional.

En 1936, la capilla se salvó milagrosamente de la quema que afectó gravemente a la colindante San Andrés, según María Elena Gómez Moreno “gracias a estar tapiada la comunicación entre ambas y ser la capilla desconocida de los incendiarios, pues estaba habitualmente cerrada y su acceso desde la plaza de la Paja, en nada indica que se trata de una iglesia”8.

Después de haber pasado por diversas manos la Casa de Alba la cedió al Arzobispado de Madrid 9.

Con motivo de la capitalidad cultural de Europa, la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento de Madrid y la Archidiócesis de Madrid decidieron rehabilitar el conjunto formado por la Casa de San Isidro, la parroquia de San Andrés y la capilla del Obispo, siguiendo un plan diseñado por el arquitecto Javier Vellés. Después de la Casa de San Isidro, transformada en museo, de la Capilla del Santo, premio Europa Nostra de Restauración y de la parroquia de San Andrés le tocó el turno a la Capilla del Obispo.

Durante los trabajos de restauración aparecieron en el suelo de la capilla en torno al ábside enterramientos y restos humanos de al menos una docena de personas, niños y adultos (uno de 1,85 m.) que parecen responder a ritos mozárabes 10.

Según mis informaciones la capilla del Obispo ya ha sido restaurada, después de más de setenta años durante los cuales el templo ha estado semicerrado al público, por lo que me decido a visitarla.

Mi gozo en un pozo (y no en el de San Isidro)

Saliendo del metro de la Latina me encamino recorriendo presto las Plazas de la Cebada y el Humilladero en el corazón del Madrid musulmán y bajomedieval hacia la “colina sagrada” expresión a todas luces exagerada procedente de Répide y Azcárate, pasando por delante del Museo de los Orígenes, la Casa de San Isidro y la imponente mole de la Capilla de San Isidro de la iglesia parroquial de San Andrés.

Bajando por la Costanilla de San Andrés y deteniéndome un momento para hacer una fotografía ante el muro donde un azulejo decorado recuerda que “Hasta mediados del siglo XIX aquí estaba el pasaje voladizo que comunicaba la casa de los Lasso de Castilla con la tribuna de la iglesia de San Andrés. Cuando los Reyes Católicos se alojaban en aquella casa usaban el pasaje para ir a la iglesia”, llego a la Plaza de la Paja y ¡oh decepción! cerrada a cal y canto está la capilla sin atisbo de cartel alguno que indique días y horarios de visita. Recorriendo el camino a la inversa pregunto en el museo y me dicen que creen que el monumento ha sido ya restaurado pero que aún no se ha dispuesto su visita si bien no me lo pueden asegurar puesto que no depende del Ayuntamiento. Me he de contentar pues con la contemplación del exterior, realizar unas fotografías y esperar mejores tiempos.

Exterior

Exterior de la Capilla del Obispo

A las primeras puertas del templo se llega por una escalera de doble vertiente de acceso hoy imposible. A Tormo le gustaba esta solución. Decía que era “muy característica con verdadero sabor de época”. También le parecían interesantes la galería alta y las cornisas; anotaba, en cambio, que los hierros y rejas de los balcones eran recientes. Como única decoración se observa solo un escudo de la familia Vargas en el antepecho de la balaustrada. Debajo de esta hay otra puerta enrejada que, al parecer, da acceso a la cámara sótano.



Puertas exteriores

Lo más notable que puedo atisbar son las puertas de doble hoja y fuertemente guarnecida de clavos de los llamados de “cazo”. Se atribuyen a algún escultor del círculo de Francisco Giralte 11, el escultor palentino discípulo de Berruguete. Los relieves, bien conservados o restaurados, están finamente tallados en madera y se cobijan bajo arcos de medio punto. En la parte superior, a la derecha aparecen el Angel y la Virgen componiendo la escena de la Anunciación, a la izquierda vemos, a un lado, a Isaac portando la leña para el sacrificio y al otro a Jesús con la Cruz a cuestas. Mas abajo en sendos medallones figuran San Pedro y San Pablo, y los escudos de la casa fundadora.

No puedo apreciar más. Por eso esta narración queda aquí interrumpida hasta que la Archidiócesis de Madrid tenga a bien disponer la apertura al público de este monumento desconocido para los amantes del arte que pasa por ser de las obras mas suntuosas del Gótico final (en arquitectura) y del Renacimiento castellano (en escultura) de Madrid y seguramente de España.

© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2008


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NOTAS

1. Antonio Velasco Zazo. La Capilla del Obispo Madrid. Imp.Cinema, 1924.

2. Fray Prudencio de Sandoval, obispo de Pamplona, autor de “Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V” (Pamplona, 1603), cita a Vargas, consejero de Fernando el Católico e Isabel de Castilla, en un nota manuscrita que dice así: “Licenciado Francisco de Vargas, colegial de Santa Cruz de Valladolid, por quien se dijo “Averigüelo Vargas, porque a el remitían los Reyes todos los negocios, para que los averigüase en muchos oficios de gran confianza que tuvo en estos Reinos” (recogido por José María Iribarren en “El porqué de los dichos”, Gobierno de Navarra. Departamento de Educación y Cultura, 7ª edición, 1984, págs.14-15.

3. Don Gutierre de Vargas y Carvajal fue el segundo de los hijos del matrimonio de D.Francisco de Vargas con Doña Inés de Carvajal. Desde muy joven, debido posiblemente a la influencia de su padre, ocupó altas dignidades eclesiásticas. Con solo 13 años era canónigo de la catedral y, a la vez, Abad de Santa Leocadia en la capital toledana. En 1524, a los diecinueve fue promovido al Obispado de Plasencia aunque sus gustos iban más por los derroteros de la a vida mundana y militar que por los caminos de la religión. Parece que tuvo un hijo natural con una dama toledana y se comportaba en todo como un auténtico prelado del Renacimiento. Sin embargo este género de vida cambió radicalmente luego de haber asistido al Concilio de Trento, por orden del emperador Carlos V. Allí conoció a los jesuitas Laynez y Salmerón y leyó los “Ejercicios espirituales” de San Ignacio. A partir de entonces su vida fue ejemplar. Fundó en Plasencia un colegio de jesuitas para la formación de futuros sacerdote y, aquejado de gota, murió en la villa cacereña de Jareicejo el 27 de abril de 1559. Su vida ha sido estudiada por Asunción Fernández Hoyos “Don Gutierre de Vargas, un madrileño del rRnacimiento”. Madrid. Caja Madrid, 1994.

4. José Luis Barrio Moya. “La madrileña capilla del obispo de Plasencia según el inventario de 1661”. Coloquios históricos de Extremadura (consulta en Internet).


5. Elías Tormo. Las iglesias del Antiguo Madrid. Reedición de los dos fascículos publicados en 1927. Prólogo del Marqués de Lozoya. Notas de María Elena Gómez Moreno. Instituto de España, 1972, pág. 44.

6. Quizás esta restauración a que se refiere Tormo, fuera la realizada por los arquitectos Olavarría y García Guereta, ordenada por el Obispo Cos en 1895, pero no estoy seguro. Agradecería aclaración.

7. Velasco Zazo, ob. cit. Pág. 41.

8. Nota al libro de Tormo, pág. 43.

9. Los Alba debían ser herederos de los Marqueses de San Vicente, descendientes de los Vargas y estos,a su vez del Conde de Paredes, pero no estoy seguro de ello. Agradecería aclaración.

10. Rafael Fraguas. El País 17.11.2006.

11. Francisco Giralte nació en Palencia en 1510. Discípulo de Alonso de Berruguete, trabajó con su maestro en la sillería del coro de la catedral de Toledo. Artista muy prolífico, realizó numerosos retablos, entre ellos los de las iglesias de Cisneros y Villamentero de Campos, asi como el dela capilla del Doctor Corral en la Magdalena de Valladolid, tal vez su obra más personal. A causa de un pleito con Juan de Juni por la adjudicación del retablo de Nuestra Señora de la Antigua, que ganó el francés, Giralte se trasladó a Madrid, siendo requerido por Don Gutierre de Vargas y Carvajal para las obras de su capilla. Intervino también Giralte en el retablo de la localidad segoviana de El Espinar, falleciendo en Madrid en 1576.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Muelles de Madrid



"Madrid nació muy tarde. Tiene la misma edad que una ciudad colonial. Eso la hace extraña en Europa: demasiado joven para poseer una belleza asentada, carece del casco medieval tan común en otras capitales del viejo continente. Nació después de la Edad Media, ya en la segunda era urbana de la cultura occidental. Tiene esa peculiaridad que implica una ausencia en la tradición, casi una ausencia de contenido. Ni es una ciudad posesiva ni es una ciudad que se deje poseer, pero es una ciudad muy hospitalaria, en parte porque es urbe reciente que está muy lejos de agotarse en si misma y que cada vez presenta una estructura mas abierta, de forma que de ser rompeolas de todas las Españas esta pasando a ser rompeolas de todo el mundo hispano”.

A esta ciudad hospitalaria, no demasiado antigua, rompeolas de mundo hispano -y aún de otros mundos mas alejados culturalmente,- que evoca Jesús Ferrero en el Epilogo, va dedicado este libro “Muelles de Madrid1, subtitulado “ Cuaderno de relatos madrileños” , cuya lectura he finalizado.

Soy, hace mucho tiempo, aficionado a los cuentos y relatos cortos. Tienen para mi la doble ventaja de su brevedad y variedad. Se leen en un pis-pas, sin importar el orden de su lectura, y si alguno te disgusta o aburre, siempre te quedan el deseo y la esperanza y de que el siguiente sea mas ameno y divertido.

Esto mismo ocurre en el libro que hoy nos ocupa y en el que el compilador, el maligrado Juan Manuel Gónzález, invitó a colaborar a 23 escritores madrileños o afincados hace tiempo en Madrid, autores, cada uno de ellos de un relato breve que tiene como protagonista o fondo de la historia a la ya multicultural capital de las Españas. Según se nos informa en la página de créditos del libro “La idea de Muelles de Madrid surgió el otoño de 2002 en el Círculo Literario de Madrid, donde se integraban, entre otros, los escritores Juan Manuel González, Joaquín Arnáiz, Eugenia Rico, Miguel Ángel del Arco, Paula Izquierdo, Fernando Martínez Laínez, Manuel Francisco Reina y Victor Claudín”.

Ha sido Madrid, ciudad muy favorecida por la literatura. No es momento ni ocasión de relacionar a todos los escritores que se han ocupado de Madrid desde Cervantes o Lope de Vega a Ramón Gómez de la Serna, pasando por Mesonero, Galdós o Baroja. De otra parte, desconozco si hay una antología medianamente decente, -completa me parece imposible-, de autores de relatos madrileños 2. En cualquier caso a esta extensa nomenclatura habría que unir los nombres, mas o menos conocidos, de los que aquí figuran y que, siguiendo el orden conforme al cual el compilador ha colocado sus relatos son los siguientes: José María Merino, Luis Mateo Díaz, Antonio Hernández, Pilar Paz Pasamar, Juan Manuel González, Tomás Val, Joaquín Arnáiz, Eugenia Rico, Carlos G. Reigosa, Javier Villán, Juan Van-Halen, Joaquin Leguina, Aurelio Loureiro, Miguel Ángel del Arco, Paula Izquierdo, Fernando Martínez Laínez, Manuel Francisco Reina, Victor Claudín, Francisco Muñoz Guerrero, Guillermo Galván, Manuel Rico, Sabas Martín y Jesús Ferrero.

Naturalmente los relatos, aun con un común denominador madrileño son muy distintos y de desigual valor. Me han gustado, por igual, los dos primeros, cada uno en su estilo. El de José María Merino, titulado “La impaciencia del soñador”, en torno a un personaje real el ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli, que convenció al rey Felipe II sobre la navegabilidad del Tajo, aguas arriba, de Aranjuez a Lisboa, combina, con la sabiduría que él solo sabe hacer, el relato histórico con la ficción de lo que pudo haber sido y no fue. Más cerca de la crónica histórica y literaria, Luis Mateo Díaz en “El balcón de los Austrias”, evoca las pasadas grandezas de este imán arquitectónico que es la Plaza Mayor, bien conocida y transitada a diario por el autor.

Del tercero de estos relatos, “Traiciones de la edad” de Antonio Hernández, me quedo con la frase final ¡Santo Dios, como les gusta a las mujeres complicar el mundo!. Tras el intimista y quizás autobiográfico, “El sustituto” de Pilar Paz Pasamar, anoto como uno de mis preferidos, precisamente el del compilador, Juan Manuel González, cuyo curriculum vitae figura generosamente detallado en la solapa del libro, a diferencia del de los autores sobre los cuales el lector hubiera agradecido algunas referencias. Su título es “Los Carabancheles. Colonia de la Prensa. Invierno de 1974”. La localización del pasado, escribe González, está en nuestra alma y, con esa nostalgia del tiempo fugado, el autor evoca una infancia (¿su infancia?) trascurrida en esa colonia madrileña de hotelitos, creada en su día como lugar de vacaciones para periodistas y convertida luego en un barrio obrero.

“Estación final”, de Tomás Val, es, a mi gusto (los derechos nos igualan, los gustos nos individualizan) el mejor relato de este cuaderno, digno de figurar en un antología de relatos fantásticos, junto a los mas afamados de los los maestros del género. Tiene intriga, misterio, moraleja, esta bien hilado y mejor escrito. He disfrutado con su lectura. Quisiera leer algo más de este autor.

Solamente discretos los dos siguientes: “El dique”, de Joaquín Arnáiz y “Selena” de Eugenia Rico (por cierto, ¿que tienen que ver con Madrid?). Relato culto y un tanto pretencioso “El espejismo que no cesa” de Carlos G. Reigoso e inquietante el excelente “La ventana” de Javier Villán.

También me ha gustado “Fondo de reptiles” de Juan Van-Halen, con cierto regusto político y ambiente de otra época, basado, según me comenta el autor en un suceso real. “Dobles parejas”, de Joaquín Leguina es poco más que un chascarrillo alargado en relato.

Aburrido, siempre en mi opinión, resulta el relato de “Vine buscando mi nombre “ de Aurelio Loureiro. Eficaz, “Castellana abajo” de Miguel Ángel del Arco y poquita cosa “Mi amante imaginario” de Paula Izquierdo.

Me ha divertido el relato del funcionario “rodríguez” titulado “Madrid, en verano y con dinero Baden-Baden" de Fernando Martínez Laínez, aunque, Fernando, la frase completa es “En Madrid, en verano, sin familia y con dinero Baden-Baden” y se atribuye a Francisco Silvela, no al Conde de Romanones.

Tremendista el que lleva como título “El género Portera” de Manuel Francisco Reina. Realista social, también en el lenguaje, “El espacio tiempo en Madrid”, de Victor Claudín, al igual que el posterior (me salto, por vez primera, el orden), “Via Crucis” de Sabas Martín.

Es amable el relato de Francisco Muñoz GuerreroUna tarde en el Roquedo” y muy bueno “Estigma de cal” de Guillermo Galván y, sobre todo, “Barrio de la Alegría", de Manuel Rico, como algún otro del cuaderno, en busca del tiempo perdido en el tránsito de la niñez a la “tierra inestable” de la adolescencia.

Remata el cuaderno, el Epílogo de Jesús Ferrero, parcialmente trascrito.

En fin, tantas opiniones hay, como opinantes. Estas son, amigo/@ seguidor de este blog, mis preferencias de lectura dentro de este cuaderno de relatos atracados, o más bien, deberíamos decir, atascados, en los muelles de un Madrid en permanente “estado de obras” .

© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2009

Notas.

1. Muelles de Madrid. Cuaderno de relatos madrileños. Compilador: Juan Manuel González. Biblioteca de Madrid. Silex, 2003.
2. Posteriormente he comprobado que la Comunidad de Madrid publicó en 1992 "Madrid en la novela". Estudios y selección de Julia Barella. Prólogo de Carlos Gómez Gual, en seis volúmenes.

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viernes 27 de noviembre de 2009

Ciudad Universitaria ¿Campus de Excelencia?

Tengo al campus de la Ciudad Universitaria como uno de los sitios de paseo más agradables de Madrid. Cuando era estudiante universitario, años ha, solía recorrer a pie, a la salida de las clases, el largo trayecto que va desde la Facultad de Derecho hasta la Plaza del Callao en cuyos alrededores, tenía, por entonces, mi domicilio. Actualmente me conformo con pasear en ocasiones por la Avenida Complutense, confundido entre los estudiantes o con quienes van a practicar el deporte de la bicicleta. Mis sitios preferidos son el Jardín Botánico Alfonso XIII, indispensable su visita en primavera y otoño, y los aledaños del Museo del Traje en la Avenida de Juan de Herrera.

Infortunadamente no dejo de advertir durante estos paseos matutinos, signos de degradación tales como papeles en el suelo o fijados a modo de desordenados pasquines, pintadas por doquier, suciedades, aspectos negativos que contrastan con la pulcritud que este Campus tuvo en otro tiempo.

Si el mal es general y extendido por todo el recinto, hay no obstante, un sitio en particular que destaca por su especial degradación. Me refiero al monumento conocido con el nombre de “Los portadores de la antorcha”, en la Plaza de Ramón y Cajal entre las Facultades de Farmacia, Medicina y Estomatología justo detrás de la boca del Metro de Ciudad Universitaria.

Este monumento, “Los portadores de la antorcha” (The torch beares) fue esculpido por la señora Anna Hyatt Huntington (1876-1973), afamada artista norteamericana, esposa del gran hispanista norteamericano Archer Milton Huntigton, fundador de la Hispanic Society of America con sede en Nueva York. El modelado de este grupo escultórico duró tres largos años y mas de uno su fundido en aluminio. Presenta a un jinete joven y desnudo que refrena su cabalgadura para tomar de las manos de un viejo agotado la herencia simbólica de la civilización occidental trasmitida así de generación en generación. Donada por la artista a la Villa de Madrid fue inaugurada el 15 de mayo de 1955 con la presencia del matrimonio Huntigton.

Hay otras varias copias, en aluminio y en bronce, de esta estatua: cuatro están en Estados Unidos y otra en España, en Valencia. Recientemente he pasado por la plaza donde esta emplazada esta última y he podido apreciar su buen estado de conservación

En cambio el monumento de la Ciudad Universitaria presenta hoy el deplorable aspecto que puede apreciarse en la fotografía adjunta cuya simple visión hace inútil cualquier descripción.


Ignoro que Institución sea la responsable de la conservación de este monumento, si son los Rectorados de la Universidades Complutense y Politécnica, el Ayuntamiento de Madrid o los tres juntos, pero de lo que estoy seguro es que a quien corresponda la competencia le trae al fresco la civilización occidental, la herencia cultural, la imagen de la Universidad y la decencia pública.

He leído precisamente ayer (26 de noviembre de 2009) que el Campus Moncloa ha obtenido el reconocimiento de Campus de Excelencia Internacional. No conozco en sus detalles el proyecto presentado que entiendo supone el compromiso de los promotores de mejorar el funcionamiento de la Universidad en todos los aspectos. Sugiero a los Rectorados premiados que empiecen sus actuaciones por lo más elemental, esto es el saneamiento del espacio exterior del Campus y en concreto que adopten de urgencia las medidas precisas para que quienes con alguna sensibilidad pasamos ante este monumento debido la generosidad de una artista extranjera no se nos caiga como españoles y ciudadanos del mundo la cara de vergüenza viendo el deplorable estado en que se encuentra su legado.
© Manuel Martínez Bargueño
Noviembre 2009
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jueves 26 de noviembre de 2009

"El "paso" de Pajares", de García Mercadal


Hace unos días revolviendo entre libros viejos en la Cuesta de Moyano tropecé casualmente con una novelita que llamó mi atención por el nombre de su autor y por su portada de vivos colores, ilustrada por Mezquita. Como estaba en un montón de todo a 1€ no tuve reparo en echármela al bolsillo para examinarla tranquilamente en casa. Se trataba el número 100 de la colección La Novela Mundial (Año III, 9 de febrero de 1928). Su título: El “paso” de Pajares y su autor José García Mercadal. Consultando luego Iberlibro he visto anunciados ejemplares a la venta de esta novela a 6 € y a 10€ .

El nombre de su autor no me era desconocido. En mi biblioteca personal tengo al menos dos obras de este autor aragonés: “Viajes por España”, una selección hecha por su autor de impresiones y comentarios de viajeros ilustres que han visitado nuestro país desde tiempos remotos hasta finales del siglo XIX, publicada por Alianza editorial en 1972 y una biografía ilustrada de Azorín en Ediciones Destino fechada en 1967.

Ahondando algo más en la biografía de este autor, me informo que fue un trabajador intelectual infatigable. José García Mercadal (Zaragoza 1883- Madrid 1975) pertenece a la gran generación de escritores periodistas de la primera mitad del siglo XX. Como periodista hizo de todo hasta llegar a ser director de “El Imparcial”, el prestigioso periódico liberal fundado por D. Eduardo Gasset. Como escritor lo fue sin tasa. Intervino en la creación de “Biblioteca Nueva” y en esta editorial de los Ruiz Castillo publicó su monumental “España vista por los extranjeros”en 3 volúmenes (1917-1921 ) fuente documental todavía hoy de obligada consulta y cita sobre la materia, así como una recopilación de textos sobre Costa y Ganivet. En 1935 (o en 1943, según otras fuentes) obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su obra “Historia del Romanticismo español”. Durante la guerra civil se alinea con el bando nacionalista de la mano de Giménez Caballero y en Ediciones Reconquista publica su inequívoca “Aire, tierra, mar (los más grandes episodios de la gesta española). Durante los años cuarenta publica un sin fin de biografías de personajes históricos con un carácter divulgador: Cervantes, Cisneros, Churruca, la Emperatriz Josefina, Gracián, Moliére, Andrea Doria, María Luisa de Austria y muchos más. También realizó en vida de Azorín, Baroja y Pérez de Ayala estudios notables sobre sus vidas y obra. Mención aparte merece su escritura de viajero que lo fue empedernido y cuyos periplos recoge en obras como “Entre el Tajo y el Miño”, “Rincones de España”, “Pirineos” o el ejemplar dedicado a Zaragoza de la Enciclopedia Gráfica. Amó mucho a su patria chica Zaragoza y a su región Aragón. Rescató para su ciudad el archivo particular del General Palafox. La Gran Enciclopedia Aragonesa le dedica estos cálidos elogios: “Desde su casa -cenobio atiborrado de libros y papeles- irradiaba información literaria para numerosos investigadores nacionales y extranjeros a quienes atendía con solícita servicialidad”.

El dato que ahora me interesa de su biografía no es el de su saber enciclopédico ni el de su ideología derechista, sino el de que García Mercadal fuera el director de esta colección “La Novela Mundial” aparecida durante los años de la Dictadura de Primo de Rivera y de breve duración (1926-1928). El Consejo Superior de Investigaciones Científicas viene publicando en su colección Literatura Breve, dirigida por Alberto Sánchez Alvaréz-Insúa (creo que es sobrino de Alberto Insúa), dentro de la serie dedicada a la novela corta, estudios de esta colecciones literarias, de amplia tirada, muy populares en su época como “El Cuento Semanal” “La Novela Corta” y otras varias. Mucho se ha disputado sobre si esta “literatura de quiosco” fomentaba la lectura o deformaba el gusto. En mi opinión, entiendo que leer es siempre bueno, aunque sean novelas populares. En mi caso fui, de pequeño, lector contumaz de tebeos y de adolescente de novelitas infumables que hoy me daría sonrojo citar, pero que sin duda me acostumbraron al hábito de la lectura y a degustar, de mayor, frutos literarios de mas enjundia. Leer, aunque no sea mas que el periódico, como, por cierto, hacen muchos españoles, es siempre recomendable.
A lo que vamos. Uno de los títulos de esta colección del CSIC resulta que está dedicado precisamente a “La Novela Mundial”. La introducción y el estudio de la colección se debe al citado Sánchez Alvaréz-Insúa y la catalogación de sus 130 números ha sido realizada por María del Carmen Santamaría Barceló. Así , por la lectura de este estudio me entero que la empresa editora de la La Novela Mundial fue Rivadeneyra S. A. y su propietario y promotor Luis Montiel Balanzat(1884-1976), representante, junto al director, de la derecha política, aunque sin sectarismos aprioristas. Entre los autores que aparecieron en la colección se cuentan Pio Baroja, Valle Inclán , Ramón Gómez de la Serna, Pérez de Ayala, Eugenio Noel y otros. Esta misma editorial publicaba la revista de humor Gutiérrez, dirigida por K-Hito, el semanario Estampa y la colección teatral La Farsa, algunos de cuyos números recuerdo haber visto por casa .

En cuanto a la novela adquirida -"El “paso” de Pajares”- la anécdota es mínima. En una reunión de amigos, uno de ellos relata como ajena la siguiente historia: Un joven médico, Fernando Morales, de paso por León, camino de Asturias, encuentra, visitando la catedral, “una mujer hermosísima, de cuerpo esbelto y airoso”, a la que sigue por la ciudad hasta la puerta de un fonda sin osar dirigirle la palabra. Al día siguiente, ya en el tren que ha de conducirle a Oviedo, Fernando coincide en el mismo departamento con la dama incógnita ... y con un sacerdote que marcha a incorporarse a su nueva parroquia. Entre los tres inician una animada conversación mientras almuerzan y disfrutan del paisaje. Ausente momentáneamente el cura durante una parada, sus compañeros de viaje creen que se ha quedado en tierra y lanzan al andén su maleta y efectos viajeros [esta misma escenita cómica recuerdo haberla vista en la película “La hermana San Sulpicio, guión adaptado sobre la novela de Palacio Valdés, teniendo como protagonistas a dos monjas andaluzas (Carmen Sevilla y Julia Caba Alba y a un médico gallego (Jorge Mistral) ]- Reintgrado el sacerdote asus asiento se aclara la confusión sin mayores problemas. Al fin solos los dos jóvenes, una vez llegado a su destino el sacerdote, Fernando, aprovechando la oscuridad de un túnel, se atreve a plantarle un beso a la bella recibiendo a cambio una sonora bofetada y una reprimenda. La dama, inicialmente enojada, pero halagada en el fondo, le explica que es casada con un médico y madre de dos niñas. Acaba perdonándole su atrevimiento y al llegar a la estación de Oviedo le presenta al marido y a la prole. Al despedirse la dama “profesora de la Normal de Madrid” le entrega a Fernando una moneda de dos pesetas para que compre una vela y se la ponga a la Virgen de Covadonga cuyo santuario va este a visitar en breve. Fernando hará engarzar en un filete de oro esta moneda que llevará siempre colgada de una cadena a su cuello. Al final los amigos reunidos descubren que el narrador de esta historia y Fernando son la misma persona.

Como vemos se trta de un relato ñoño que sirve al autor, buen viajero, para describir monumentos y paisajes desde el tren en la transición entre León y Asturias por el paso de Pajares, recién inaugurada l(1925) la electrificación de la línea férrea.

Por quedarme con algo de lo escrito, marco a lápiz en el margen de la correspondiente página esta semblanza de la Catedral de León:

“Hay, sin embargo, una impresión que se conserva fresca e indeleble en la memoria del mas atolondrado y olvidadizo [viajero]: la que se recibe al dirigir la vista a las ojivas y rosetones de los inmensos vanos de sus muros y encontrarse gratamente sorprendidos por todo un mundo de flores y de frutos, de animales reales y fantásticos, de ornamentaciones heráldicas y personajes históricos y bíblicos, que parecen tener vida en aquellas admirables vidrieras.”

No me digan ustedes que esto no es sacarle partido a 1€.

© Manuel Martínez Bargueño
Noviembre, 2009
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martes 24 de noviembre de 2009

Una fotografia antigua.

“Las fotos -ha escrito José Luis García Sánchez 1- cuentan muchas cosas, si se les dedica la atención que merecen”. Es verdad que las fotografías antiguas, esas entrañables fotografías en blanco y negro, aparte de su valor sentimental, tiene para el hombre de hoy un importante valor cultural como testigo de otras épocas. En cuanto vehículo del conocimiento nos ayudan a saber como han evolucionado las costumbres, como fueron las modas, hasta que punto ha cambiado el tejido urbano y trasformado el paisaje. Seguro estoy de que se podría estudiar en las aulas la memoria histórica del país, de la región o de la patria chica, sin escribir una sola línea, recurriendo tan solo a la exposición de las viejas fotografías que, a menudo, duermen el sueño de los justos en álbumes familiares o en simples cajas de cartón, esperando la “mano de nieve” que sepa arrancarlas del olvido en que yacen.

Esta introducción viene a propósito de lo que quiero contar: Hace unas semanas, deambulando por el Rastro en busca de un botín incierto, tropecé por casualidad, confundida entre otras muchos papeles y zarandajas, en el fondo de una lata, con la fotografía que reproduzco abajo donde se ve a tres jóvenes paseantes en un escenario urbano que no dudo sea la Plaza Mayor de Salamanca, en un tiempo que por las modas y el automóvil, que se ve al fondo, situaría en los años 30 del pasado siglo. Desde el primer instante de su visión, me llamó la atención el personaje de la derecha de la foto, el joven alto que lleva un libro entre sus manos. Ingenuo o audaz, creí reconocer en esta figura la del escritor José Bergamín (1895-1983 y me apresuré a adquirirla, junto con dos postales, por el módico precio de 1€. La consulta posterior a la biografía y al archivo de imágenes del escritor en Google me hizo confirmar en este precipitado juicio: Bergamín, discípulo y amigo de Unamuno, tuvo frecuentes contactos con Salamanca y la imagen del escritor joven, alineada a este párrafo, es, no se pude negar, semejante a la del joven de la adquirida fotografía. Para asegurarme del todo, consulté a un experto en Bergamín, localizado a través del correo electrónico y, ¡ay, decepción!, el profesor Iván Cabello desde París me comunica que después de haber consultado as u vez con Nigel Dennis “verdadero especialista en José Bergamín”, este “está seguro de que no se trata de este escritor aunque el peinado y los rasgos de la cara son parecidos”.

Por supuesto creo “a pies juntillas”, sin necesidad de otras pruebas, en el juicio de los doctores, pero la curiosidad, que es a menudo la madre de los hallazgos científicos, me sigue atormentando ¿Quien es el atildado joven, clónico o imitador del escritor Bergamín, que pasea con aire de intelectual fatigado por la Plaza Mayor de Salamanca? ¿Corresponde su atuendo y peinado a una moda masculina de la época? Si algún salmantino o descendiente de alguna de las personas que aparecen en la fotografía me pudiera dar una pista le quedaría reconocido y mi sana curiosidad satisfecha. Gracias por anticipado




© Manuel Martínez Bargueño
Noviembre, 2009

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NOTAS

1. José Luis García Sánchez. Cultura y Ocio II.17. Memoria gráfica de la historia y de la sociedad española del siglo XX. El País. La mirada del tiempo, 2006