domingo 18 de diciembre de 2011

FELIZ 2012


Al acercarse el final de este año 2011, de tanta tribulación, quiero agradecer a los lectores de mis cinco blogs de divulgación cultural la atención que han prestado a sus diferentes contenidos temáticos: Madrid, Arte y Viajes, Literatura y Cine e Historia y personajes. Escribir  los artículos de cada uno ellos, mas de 100 en total, ha sido para mí un placer frecuentemente recompensado por los numerosos comentarios y preguntas de seguidores y lectores ocasionales, a los que he procurado responder en la medida de mis posibilidades.  Es grato que lo que uno escribe con perseverancia y posible esmero en una soledad laboriosa,  resulte útil, curioso y entretenido para los demás.  La cultura es hoy todavía (a menos que intervengan los banqueros, políticos y “tecnócratas”) un producto barato que puede “iluminar” nuestra existencia y alegrar nuestras tristezas. Por 1€ o menos podemos comprar un libro en un mercadillo y aún hay exposiciones gratuitas donde pasar un rato instructivo y agradable.

Decía Woody Allen, en uno de sus películas (creo que era “Misterioso asesinato en Manhattan”) que las cosas importantes de la vida eran, por este orden, salud, cultura y dinero. Por mi parte añadiría amor, en cualquiera de sus manifestaciones, caridad con el prójimo, un noble sentimiento enmascarado estos años tras el más global y distante de la solidaridad, y trabajo para todos, aspiración general de la sociedad en los tiempos que corren.

Amor, salud, dinero (aunque no sea mucho, pero si suficiente), trabajo y cultura es lo que os deseo de corazón para este 2012 que se avecina y el que espero seguir contando con vuestra presencia y participación.

Felices Fiestas y Año Nuevo.

Manuelblas

domingo 27 de diciembre de 2009

...y 100

Con esta entrada, llegamos al número 100 de mi blog “Manuelblas”. Alcanzar esta cifra en cualquier tipo de edición, impresa o digital, es motivo más que suficiente para hacer un alto en la tarea, reflexionar sobre lo andado y avizorar lo que nos queda de camino.

La idea de este blog me surgió hace unos dos años movido por la intención de poner en valor las hilachas de experiencia adquiridas por años de lecturas y viajes (en puridad, más de aquellas que de estos) y verterlas en una serie de breves artículos de divulgación que pudieran ser de interés para algunos lectores (todo asunto tiene su público, aunque este sea limitado). Con el discurrir del tiempo, esta labor iniciada de forma marginal, aprovechando momentos libres, me ha ido “enviciando” hasta que ahora, reciente aún mi jubilación de la cosa pública, estas narraciones casuales ocupan una parte estimable de mis ya mayores ratos de ocio.

Consultando el perfil de mi blog, compruebo que durante estos veinticuatro meses he tenido aproximadamente unas 1.600 visitas, que no se si serán muchas o pocas para un blog de estas características, pero que estoy seguro son todas ellas “visitas de calidad” que dijera Don Enrique Tierno Galván, si “el viejo profesor” hubiera llegado a ser usuario de estos medios.

A todos los visitantes de este blog quiero agradeceros la atención que me habéis dispensado y, en especial, a aquellos que, respondiendo a la incitación consignada al final de cada entrada, habéis tenido a bien “preguntar, comentar o aportar algo al respecto” en relación con el asunto propuesto. Habéis sido bastantes quienes, a través del correo electrónico o mediante comentarios al blog, formulasteis observaciones, hecho preguntas o contado historias tanto o más interesantes que las narradas. Varias de estas aportaciones me han permitido completar, corregir o rehacer parcialmente algunas de las 99 entradas anteriores y, sobre todo, comprobar que somos muchos los que creemos que el saber y la cultura son el bagaje humano imprescindible para conducirse razonablemente en un mundo, en mi opinión, cada vez más confuso.

Llegados a este punto y mirando hacia adelante, se impone la siguiente decisión. No habrá entrada 101 del blog “Manuelblas”, pero este blog no se cierra. Queda abierto indefinidamente a nuevas aportaciones que mejoren, actualicen o amplíen los asuntos expuestos.

A la vez, en un enunciado de buenos propósitos para 2010, tengo la intención de diversificar contenidos mediante la apertura de otros nuevos blogs, de forma que, dentro de poco tiempo entren a formar parte de esta “familia” de blogs culturales, otros “Manuelblases” de Literatura (Libros y escritores), de Cine y Fotografía, de Visitas y Exposiciones, de Ciudades (Madrid, Toledo y Segovia son las tres ciudades por las que habitualmente transito y las que mejor conozco), de Viajes …

Espero que estas futuras aportaciones puedan servir para entretenimiento y, en el mejor de los casos, para que podamos aprender cosas nuevas o recordar algo que ya teníamos olvidado.

Quiero decir, por último, que personalmente aprendo y disfruto enormemente con la lectura de otros blogs culturales con cuyos autores me propongo entablar conversación e intercambiar datos e informaciones.

Gracias a todos/as por vuestra atención, os envío un abrazo y deseo un


Feliz 2010



Manuel Martínez Bargueño

Diciembre, 2009

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sábado 26 de diciembre de 2009

Casas de Galdós en Madrid (y 5)





Después del éxito clamoroso de “Electra”, Galdós, saboreando su triunfo, tardará más de dos años en volver a estrenar y en tomar la pluma para iniciar la Cuarta Serie de los Episodios Nacionales. Durante ese tiempo (enero de 1901 a primavera de 1902) menudearán sus viajes a París 1 con la idea de abrirse allí un mercado y quizás también para alejarse definitivamente de su desequilibrada amante, la ex actriz Concha Morell.

A partir de 1902 Galdós, que parece haber perdido algo del gusto por Madrid y sus calles, alternará las primaveras y veranos en Santander con frecuentes viajes por España (Barcelona, Cartagena) y largas estancias en Toledo donde pasará temporadas en la finca “La Alberquilla”, a orillas del Tajo, propiedad de Sergio Novales quien la había heredado de su tío el célebre escritor y bibliófilo Bartolomé José Gallardo. En otras ocasiones se hospedará en el Hotel del Lino en el centro de la capital toledana, donde hoy se encuentra, desaparecido hace pocos años el centenario albergue, la sede de una sucursal bancaria. Años mas tarde una placa, colocada por el Hogar Canario de Madrid recordará la estancia de Galdós en la Ciudad Imperial.




El contacto con la naturaleza suscitará a Galdós un vivo interés por los secretos de la ciencia agrícola, sus “veleidades fisiocráticas” y zoológicas (le encantaban los perros y los gatos, los corderos y hasta las ocas), todo ello sin merma de su producción literaria que en estos años se verá incrementada con nuevos estrenos “Alma y Vida” (9 de abril de 1902 en el Teatro Español, el drama regeneracionista “Mariucha” (16 de julio en Barcelona) y sucesivos Episodios Nacionales ("Las tormentas del 48"; "Narváez"; "Los duendes de la camarilla").

1904 es un año crítico en la vida del escritor. Cumplidos ya los sesenta años comienzan sus problemas con la vista que le llevarán, tras varias fallidas operaciones, a la ceguera absoluta. De otra parte, su empresa editorial “Obras de Pérez Galdós” entra en crisis lo que le conducirá a llegar a un acuerdo editorial con los Sucesores de Hernando (Perlado, Páez y Cía) para la edición de sus obras que paulatinamente irán aumentando a ritmo regular con más Episodios Nacionales ("La Revolución de Julio", "O´Donnell", "Aita Tettauen", "Carlos VI en la Rápita"), la novela dialogada “Casandra” y nuevos estrenos teatrales: “El abuelo” (14 de febrero en el Teatro Español, con un éxito clamoroso, “Bárbara” y “Amor y Ciencia” con una acogida más discreta).

En el otoño de 1906 prende la idea de un homenaje nacional a Galdós, por iniciativa de la prensa republicana y progresista, tras el cual podría hallarse la supuesta intención de captarle de nuevo para la vida política, es vez en las filas del republicanismo. En efecto, en 1907 se deja seducir de nuevo y se lanza a la participación directa en la política. Comienzan los años republicanos de Galdós, lo que no es obstáculo para que continúe, más lentamente debido a los achaques, con su labor literaria: “La de los tristes destinos” que prosigue la Cuarta Serie de los Episodios Nacionales, precedida el año anterior por “ La vuelta al mundo en la Numancia” y "Prim".

A finales de 1907, nuevo Episodio Nacional “España sin Rey” y nuevo amor cuando el escritor frisa la edad de jubilación, 65 años. Su nueva amante se llama Teodosia Gandarias y es una viuda, de 44 años, modesta y culta, que vive en una barriada popular, al lado de la Plaza de Chamberí, en el número 53 (actual 51) 2 del paseo de Santa Engracia, entre las calles Raimundo Lulio y Santa Feliciana. La casa existe todavía y tiene tres plantas a la calle, con sotabanco que puede verse desde la acera de enfrente y cinco huecos o balcones en cada planta. El piso de Teodosia era el primero izquierda. En los bajos había dos establecimientos comerciales: una barbería y unos ultramarinos, actualmente cobija un supermercado. Recordemos que el escritor había “pernoctado” unos años antes justo al lado, en el número 49 de la misma calle o paseo, pero por entonces Teodosia no habitaba aún en esa zona. En este “nido de amor” de la calle de Santa Engracia el ya achacoso Galdós pasará el tiempo con su adorada Teo, y trabajará sin abandonar su casa del bulevar de Alberto Aguilera, y sin renunciar, por supuesto, a sus largos veraneos en Santander con la familia.





Santa Engracia,51. Posible domicilio de Teodosia Gandarias



1908 es un año políticamente agitado, aunque menos que el siguiente, durante el cual D. Benito, ademas de significarse en su militancia republicana (o liberal, como el decía) tendrá tiempo de asistir al estreno en la capital maña de la ópera “Zaragoza” y de concluir la comedia “Pedro Minio”.

Al año siguiente, 1909, Galdós, diputado republicano, asistirá consternado a los sucesos de la Semana Trágica y del Barranco del Lobo, mientras culmina en apenas un mes el complejísimo Episodio de “España trágica”, situado en 1870. Su salud va deteriorándose, lo que no le impide abordar una interesante y sugestiva novela “El caballero encantado” que escribirá por su propia mano (en adelante tendrá que dictar a su secretario, Pablo Nougués, “don Pablífero”) y que publicará por entregas en “El Liberal”. También obtendrá otro clamoroso éxito con el estreno el 28 de febrero de su drama “Casandra” en el Teatro Español, vitoreado por su público que le acompañó en la noche del estreno hasta su casa de Alberto Aguilera.

Las elecciones del 1 de mayo de ese año dieron el triunfo en Madrid a la conjunción republicano-socialista, compuesta, entre otros, por Galdós y Pablo Iglesias, de quién dirá el escritor canario “con Pablo Iglesias entrará en el Congreso el espíritu de solidaridad internacional que lucha por la dignidad y el bienestar de los trabajadores” y por el que sentirá una viva simpatía humana y política.

Con el siguiente Episodio, “Amadeo I” y luego con “La Primera República (1911), Galdós se inventará una contrafigura, la del bajito Tito Liviano, periodista y mujeriego, como Don Benito en su juventud, quien , ahora, ya anciano y semiciego, sigue aún emperijolado con doña Teodosia, la viuda de la calle Santa Engracia.

Será en su piso de la calle Alberto Aguilera donde el Dr. Marquéz operará a Galdós de cataratas en el ojo izquierdo. Un caso difícil que dejará, no obstante los extremados cuidados médicos, secuelas físicas y psíquicas en el escritor a partir de ahora ya no podrá valerse por si solo

Será por causa de su semi ceguera por lo que Galdós, no sabemos exactamente en que fecha, se muda a la que será su última vivienda en Madrid: el chalet “morisco-taurino” que su sobrino José Hermenegildo, el soltero se había hecho construir en Hilarión Eslava 7, cerca del Parque del Oeste. El edificio constaba de dos plantas y azotea y era destilo neomudéjar, con ladrillo a la vista, ventanas y almenas, tejadillos y celosía de estilo “árabe” conforme a los gustos de la época. En este hotelito, según refiere Federico Carlos Sáinz de Robles “su sobrino, don José Hurtado de Mendoza le había reservado la mejor habitación, sobre cuyo dintel estaban escritas estas palabras: Despacho del tío Benito” 3.

Aun recuerdo, de mi época de estudiante universitario haber pasado algunas veces por delante de este edificio de ladrillo, en el que una placa hacia constar que allí había vivido el escritor. Desgraciadamente de este, como de otros edificios cercanos -el barrio de Pozas, la iglesia del Buen Suceso- no queda más que el recuerdo y alguna vieja fotografía (del Archivo General de la Administración) en la que se ve a un soldado de la República haciendo guardia ante el chalet. Al menos se conserva la placa colocada por el ayuntamiento en 1924 sobre el edificio moderno levantado en aquel lugar 4.




Alli, en el hotel de Hilarión Eslava 7, vivirá la “extraña comunidad” compuesta por el escritor, su sobrino, José Hermenegildo, propietario del inmuebles, sus hermanas ya mayores, Concha, la soltera y Carmen, la viuda y una niña, Rafaelita González, hija, al parecer, del torero Machaquito y de una gitana, ahijada del soltero José Hermenegildo, además de la servidumbre. Extramuros vive con su tía, la hija de Galdós, María, habida en 1892 con la modelo de pintor Lorenza Cobián, desaparecida trágicamente en estos años tras su enajenación mental.

1911 comienza “tranquilo y plácido” para Galdós en su chalet de San Quintín, ajeno a las trifulcas parlamentarias (aunque sigue siendo diputado, lo será tres veces, la última por Las Palmas), mientras dicta a su ya imprescindible secretario “Don Pablífero”, el Episodio “De Cartago a Sagunto”. A su regreso a la Villa y Corte, continuará Galdós su actividad política como miembro de la conjunción Republicano-Socialista, a la vez que sus problemas económicos se agudizan. Una esperanza de obtener una solución a estas estrecheces, se le brinda con la candidatura al Premio Nóbel, dotado con 40.000 coronas suecas, para el que es propuesto por la Academia en 1912, aunque la división interna sobre su candidatura, en controversia con la figura literaria del valetudinario Menéndez y Pelayo, le alejará del merecido galardón.

En 1912, Galdós es sometido a una nueva operación quirúrgica (segunda catarata en el ojo derecho), realizada esta vez en la casa de Hilarión Eslava 7. Aunque la operación en si es un éxito -recobró moderamente la visión- su actividad política quedó autolimitada. Literariamente, Galdós con 69 años, mal llevados, por la semiceguera y la arterioesclerosis, tiene tiempo aún de componer en seis meses el que será, sin que el lo sepa, su último Episodio Nacional, “Cánovas”. Ese mismo año, poco antes de la segunda operación ha recibido en el hotelito de Hilarión Eslava, la visita del periodista Javier Bueno quien le hace una entrevista literaria con destino a la revista Mundial Magazine. Así retrata el periodista al acercarse como es la casa donde vive Galdós:

“Frente a la cárcel Modelo, en una gran explanada que ha servido para fusilamientos, recreo de chiquillos y campo de maniobras a los militares, y que hoy comienza a urbanizarse, hay un hotelito de ladrillo rosado, muy modesto...Una tapia de ladrillo lo oculta hasta el piso 1º. Por encima de esta tapia se asoma un rosal....”

Más adelante retrata así el ambiente íntimo de trabajo del escritor:

La habitación es modestísima. En un testero, hay una librería blanca, atiborrada de libros; en otro, una ventana, en el de enfrente otra librería y, en último , la puerta desnuda. Una mesa de estudiante en la que escribe Pablo Nougués y dos sillas de paja rojiza completan el mobiliario".

Galdós está hundido en una butaca de terciopelo rojo. Está casi ciego; unas gafas negras cubren sus ojos.” 5

En verano acude como siempre a San Quintín, recuperado parcialmente de la vista y, por ello, optimista, aún cuando pronto cumplirá los setenta de edad.

Los siete últimos años de su vida los pasará Galdós cada vez más encerrado en casa de su sobrino, presidiendo un círculo familiar formado por sus hermanas, ya muy ancianas, su sobrino, José Hermenegildo, el ingeniero, la ahijada prohijada de éste, Rafaelita y un numeroso servicio. En esta casa, donde se comía sobre todo comida canaria, será visitado asiduamente por amigos de origen canario que forman con el escritor una amena tertulia. Mientras sigue el acoso de los acreedores hasta el punto de que Galdós se ve obligado a hipotecar San Quintín.

En 1914, instalado en el verano santanderino, consagrado ya casi exclusivamente a la actividad literaria -su actividad política, por el contrario, ha cesado casi completamente, al abandonar Galdós, por voluntad propia, la Conjunción- trabajará en un nueva dramatización “Celia en los infiernos”, ambientada parcialmente en ámbitos populares y para cuya elaboración -escribe a su amada Teodosia” piensa “consultar documentos vivos como tu portera y otras personalidades conspicuas de los barrios de Chamberí y Cuatro Caminos”. La obra se estrena el 9 de diciembre en el Teatro Español y es un éxito grandioso de público con el consabido acompañamiento de amigos y simpatizantes de Galdós en alegre turbamulta desde la puerta del Teatro Español hasta la Puerta del Sol.

Ese mismo año las deudas del novelista se evaluaban en unas 200.000 pesetas de las de entonces y sus amigos y admiradores, políticos, escritores acuden en su auxilio mediante la creación de una Junta Nacional de Homenaje a Galdós. Se recaudan apenas unas 100.000 pesetas, cantidad inferior al estimada, lo que permite pagar a algunos acreedores y se asigna a Galdós una especie de renta vitalicia. A finales de año, Galdós, que había estrenado el 21 de abril en el Teatro de la Princesa con el éxito acostumbrado su tragedia griega, “Alceste”, asiste dolorido al fallecimiento de su hermana Concha y pocos meses más tarde, en febrero de 1915 al de su otra hermana, Carmen, “la Madre” de la familia galdosiana desde su instalación en Madrid.

En el verano de 1915, Galdós, que ya ha escrito un cuento crepuscular “La razón de la sinrazón”, prepara en San Quintín un drama ambientado en la guerra carlista, “Sor Simona”, que estrenará en diciembre en Madrid con un gran interpretación de la joven actriz Irene López Heredia 6. Otra actriz joven, Concha Catalá, entablara una amistad íntima con el anciano Galdós.

¿Como eran los hábitos de Galdós en estos últimos años de su vida? Sus biógrafos nos cuentan que por las mañanas salía en coche de caballos -alquilado y siempre a la puerta de casa-, pasaba por delante de las casa donde había vivido en las distintas etapas de su vida, efectuaba sus visitas matutinas y después de almorzar, alargaba la siesta y recibía por la tarde en casa a sus visitas. Una de las visitantes más asiduas era su hija María, casada joven con Juan Verde, funcionario, experto en estadísticas municipales. El matrimonio con sus dos hijos pequeños, Rafael y Benito, vivía en la calle de Ferraz 22 y en esta casa recibía también frecuentes visitas del escritor que amaba tiernamente a sus hijos y nietos. Galdós recibía también en la casa de Hilarión Eslava visitas de actores y actrices, como Margarita Xirgu o Concha Catalá, artista y literatos como Pérez de Ayala, Enrique de Mesa o los hermanos Quintero o periodistas como Margarita Nelken. La tertulia vespertina terminaba pronto, hacia las 14,30 en invierno y hacia las 16,30 en otro tiempo. Don Benito ya semi inválido era llevado al piso de arriba por su criado, primero Victoriano y luego Paco Menéndez. La cena le era servida cuando estaba ya acostado en su cama de hierro, poco más que una cama de hospital o modesta pensión. Dormía pronto y dormía bien. Sáinz de Robles nos cuenta que en estos años finales de su vida Galdós era un viejecito alto, encorvado, torpe, de bigote lacio y gafas negras, de muy pocas palabras.

El 2 de febrero de 1916 estrena otra drama, “El tacaño Salomón” y dicta ya en precarias condiciones sus “Memorias de un desmemoriado” para la revista “La Esfera”, en las que cuenta como le parece y recuerda algunos episodios de su vida hasta 1910, silenciando otros muchos. Todavía a los 73 años conocerá Galdós un último éxito que le reportará ademas una bonanza económica. Es el estreno en Barcelona de su "Marianela", en adaptación teatral de los hermanos Quintero y con la Xirgu en el papel protagonista. Con ella la empresa realizará una exitosa gira por toda España, aunque el escritor, siempre aclamado por su público al final de la representación, solo podrá acudir a los estrenos en Barcelona y Valladolid. Todavía con la Xirgu estrenará al año siguiente “Santa Juana de Castilla”, a cuyo estreno en Barcelona acudirá el autor que fue agasajado por los intelectuales catalanes.





En 1917 le visita su amigo, el periodista y escritor, José Montero Iglesias, acompañado de su hijo, de trece o catorce años, José Montero Alonso. Asi se lo contó este, años mas tarde a su hijo el también escritor José Montero Padilla

Subieron a la primera planta. En una estancia grande y sobria estaba don Benito, sentado en un butacón. Una manta le cubría las piernas. Su cabeza se mostraba destocada. Y su gesto era tranquilo, sereno. Casi había perdido la vista ya, mas aquella tarde no llevaba puestas las gafas oscuras que usaba casi siempre. A José Montero Iglesias y a su hijo los había conducido, hasta aquella especie de salón modesto, un servidor, llamado Paco, que estaba pendiente en todo momento del escritor. -Don Benito -le dijo-... Son... Galdós sonrió. Mi padre recordaba aquella sonrisa bondadosa y de qué manera alzó la cabeza, como dirigiéndola hacia los que llegaban. Y habló, con una voz lenta, que parecía cansada, y era al mismo tiempo afectuosa, íntima:

-¿Qué tal? Yo aquí, ya ven, prisionero...

Preguntó por algunos amigos. Mi abuelo le informaba sobre ellos. Se interesó por otros temas. Y prosiguió la conversación, aunque don Benito hablaba poco.

Comentó algo sobre una obra teatral que preparaba: Santa Juan de Castilla. (Se estrenó, en el Teatro madrileño de la Princesa, la noche del 8 de mayo de 1918).

-¡Esa noche -dijo entonces mi abuelo- mi hijo y yo le aplaudiremos a usted más que nadie!...

La actitud de Galdós había sido hasta entonces sosegada, impasible, casi inmóvil, tal como podemos contemplarlo en el monumento hecho por Victorio Macho y que se encuentra en el parque madrileño del Retiro. De pronto, su voz se le hizo trémula. Su mano buscó la de Montero Iglesias y se la estrechó fuertemente:

-¡Qué buenos son ustedes conmigo! - exclamó-.

De cuando en cuando entraba en la estancia una joven vestida de oscuro, muy bonita según destacaba siempre José Montero Alonso al evocar estos recuerdos suyos de tan singular ocasión. Era una hija del torero Machaquito y ahijada del novelista. También el servidor, Paco, asomaba con frecuencia por si don Benito quería algo. Éste interrogó, refiriéndose a mi padre:

-¿Y qué hace este muchacho? ¿Estudia? ¿Qué va a ser?

Montero Alonso -un muchacho de trece o catorce años no decía palabra. Le resultaba imposible. Y su padre iba respondiendo por él. Galdós escuchaba, asentía con la cabeza.

Llegó el momento de la despedida. Montero Alonso recordaría siempre las últimas palabras que le dirigió don Benito:



-... Y tú, chaval, tenme por amigo tuyo. Y sé bueno siempre..." 7

En 1918 su vida fue igual; por las mañanas salía en coche, hacía visitas y volvía a almorzar a su casa. Por la tarde no salía, se quedaba en su despacho, adonde iban a verle sus amigos. Los hermanos Álvarez Quintero y Victorio Macho fueron quienes mejor lo atendieron, aparte de sus familiares. Fue Victorio Macho, el escultor palentino, el autor de la estatua sedente de Galdós que se encuentra en el Parque del Retiro y que reproduce la visión habitual del escritor en su cuarto de trabajo, las piernas tapadas, como solía por una manta.

Entrará el escritor en 1919 en desastrosas condiciones físicas (desde 1914 padecía arteriosclerosis y a partir de 1918 la enfermedad se le complicó con un reblandecimiento medular) y, a pesar de ello, se obstinaba en salir a pasear por Madrid, en hacer “ciertas” visitas.

El 19 de enero se inaugura la estatua de Galdós en el Retiro, “monumento sobrio y de una severidad melancólica”, con el alcalde y los hermanos Quintero, de oradores. El escritor asiste a la inauguración “en réplica apenas viva del bloque de piedra” pero queda tan fatigado que hubo de guardar cama durante algunas semanas. El 14 de marzo otorgó testamento, en el que reconocía a Maria Perez Galdós como hija suya. En estos meses finales su carácter se hizo irascible y cambió completamente su régimen de vida: salía por la mañana, almorzaba fuera y no volvía sino a la noche. La figura de Galdós era conocida por el pueblo en su recorrido por las calles de Madrid. La leyenda dice que los hombres se descubrían a su paso y que las mujeres señalaban, emocionadas a los niños “Aquel es don Benito”

En agosto empezó a no conocer; el 22 salió por última vez en coche a la calle y en septiembre ya tuvo que guardar cama. La agonía fue lenta, asistido en todo momento el enfermo por su incondicional médico y amigo el Doctor Marañón. El fallecimiento del escritor se produjo a las tres y media de la madrugada del día 4 de enero de 1920, domingo. Al conocerse la noticia todos los teatros de Madrid suspendieron la función. El Gobierno, apropuesta del Ministro de Instrucción Pública (Natalio Rivas) declaró luto nacional y se hizo cargo de los gastos del entierro.


Un texto, publicado sin firma en el periódico "El Sol" del 5 de enero de 1920, expresó el sentimiento colectivo de orfandad :


"El pueblo sabe que se le ha muerto el mas alto peregrino de sus príncipes... habrá un dolor íntimo y sincero que unirá todos los buenos españoles ante la tumba del maestro inolvidable. y esto valdrá por todos los decretos que puedan aparecer en la Gaceta..."

La capilla ardiente de Benito Pérez Galdós fue instalada en el patio de Cristales del Ayuntamiento de Madrid por donde desfilaron más de 50.000 personas. Una masa humana siguió al día siguiente al cortejo fúnebre hasta el panteón familiar del cementerio de Nuestra Señora de la Almudena. Quien no le pudo acompañar fue Teodosia Gandarias, “maestra de escuela, vasca, escritora e inteligente mujer y madre de un hijo de Galdós que murió aún niño8, fallecida unos días antes, el 31 de diciembre, de bronconeumonía en su casa de Santa Engracia. También sería enterrada en la Almudena, donde ambos seguirían siendo vecinos de barrio en su última morada 9.



© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2009 (última actualización abril 2011)


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Notas

1. En París, por mediación de su amigo, el Embajador León y Castillo visitará a Isabel II en su palacio de Castilla en la Avenue Kleber, dejando como resultado de esta entrevista un “retrato amable” de la soberana.

2. Ortiz Armengol duda entre el actual número 49 y el 51. Se trata de dos casa gemelas, ambas de cuatro plantas, tres pisos de cinco huecos de balcones. El baile de números en este tramo de la calle acrecienta las dudas.

3. Federico Carlos Sáinz de Robles. "Su vida, su obra, su época". en Obras Completas de Pérez Galdós. Tomo I. Editorial Aguilar.

4. Escribe Ortiz Armengol que la ceremonia de inauguración de aquella lápida municipal fue municipal y solemne, y que asistió a ella una gran multitud.

5. Mundial magazine, III, 15 1912. Leo esta entrevista en el libro “Benito Pérez Galdós. Edición de Douglass M. Rogers". El escritor y la crítica. Taurus . Segunda edición, 1979.

6. "Sor Simona” inauguró el primer número de la famosa colección “La Novela Corta” y de ella se tiraron 300.000 ejemplares.



7. En http://wwwcasasdeescritores.com/

8. Sebastián de la Nuez. “Las últimas novelas de Galdós a través de un epistolario amoroso”. Galdós. Centenario de Fortunata y Jacinta (1887-1987). Actas. Congreso internacional, 23-28 de noviembre. Facultad de Ciencias de la Información. Universidad Complutense de Madrid, 1988.



9. Santiago Fernández "En la tumba de Galdós", Babab, nº 8 mayo 2001, quien visita la tumba de Galdós en la primavera de 2001 se duele de su estado de conservación : "en una de las zonas más apartadas y umbrías del camposanto..."en uno de esos paseos a los que apenas llega la luz del sol primaveral, rodeada de majestuosos panteones, dos lápidas ennegrecidas a pie de suelo sepultan los restos del escritor"... "apenas se pueden leer los borrosos títulos de una de las lápidas". Asi recuerda este país a su hijos.

sábado 19 de diciembre de 2009

Maíno o la delicadeza

A propósito de la exposición de Juan Bautista Maino en el Museo del Prado

Juan Bautista Mayno
A quien el Arte debe
Aquella acción que las figuras mueve.

Lope de Vega


Pintor sin duda apreciado, pero no popular”, como escribe Calvo Serraller 1, fue el italo español Juan Bautista Maíno (1581-1649) cuya obra casi completa -35 pinturas de las 40, aproximadamente, que se le reconocen o atribuyen- se expone estos días por vez primera en el Museo del Prado en una muestra que ninguna persona con sensibilidad artística debiera perderse.

Maíno, natural de Pastrana (Guadalajara), hijo de padre milanés, comerciante de paños, de natural aventurero, y de madre hispano portuguesa, se formó como pintor en Italia, estudiando con los grandes maestros de la época. Es evidente su doble deuda pictórica con el gran Caravaggio, de quien pudo ser amigo personal y con el círculo clasicista boloñés de los Carracci y Guido Reni. Al volver a España, se produce en su vida, como en la de otros personajes de nuestro Siglo de Oro, pensemos en Lope, quien debió admirarle, un instante de cambio decisivo. Después de concluir las pinturas del retablo de San Pedro Mártir en Toledo -su obra maestra- siente la llamada de Dios y toma el hábito de la orden de predicadores (los dominicos). Enfrascado en el estudio de la Filosofía y la Teología, su producción será ya corta. No vivirá, sin embargo demasiado alejado de la Corte, pues será luego profesor de dibujo del futuro Felipe IV y a través del influyente Velázquez, a quien había favorecido en su juventud (lo mismo que a Alonso Cano), recibirá el encargo de pintar un gran lienzo “La recuperación de Bahía”2 para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Maíno (los antiguos escribirán su apellido como Mayno), morirá en su convento toledano, a la edad de 70 años 3. Su recuperación como maestro del Barroco y la valoración definitiva de su obra 4 que incluye sobre todo grandes composiciones religiosas, pero también retratos y cuadros de pequeño tamaño hasta ahora poco conocidos, es posible y deseable que comience ahora, a partir de esta muestra cuyo catálogo, al precio prohibitivo de 58 €, (un buen “regalo de reyes”) nos hemos quedado con las ganas de adquirir.

La exposición muestra obras de temática religiosa poco o nada conocidas de Maíno como el retablo de la Trinidad, encargado por Ana de Morales para el convento de concepcionistas de Pastrana, su ciudad natal e interesantes retratos como el del carmelita San Anabo, el del arzobispo José de Melo y sobre todo el “retrato de fraile” del Ashmodeam Museum de Oxford, posible autorretrato suyo. Mención aparte, dentro del género, merece el “Retrato de caballero”5, único firmado por Maíno (a la izquierda, en el centro), que aún tributario de los retratos de El Greco, inevitable influencia, denota una paleta más cálida que la del cretense.

Lo que más me ha interesado de la obra expuesta de Maíno son sus cuatro grandes composiciones para el retablo de San Pedro Mártir de Toledo 6: la Adoración de los pastores, la Adoración de los Reyes Magos, Pentecostés y la Resurrección de Cristo, las llamadas Cuatro Pascuas, trabajos de enjundia en los que Maíno raya la perfección de su arte.

Estas pinturas que se han considerado siempre, la obra más significativa de Maíno y la que mejor define los componentes de su estilo, fueron contratadas a su autor en 1612, terminándolas solo un año más tarde. En estos lienzos es patente la influencia de Caravaggio, por ejemplo en el modelado, en el aspecto popular de las gentes (pastores, ángeles), en la exhibición de las plantas de los pies y en la colocación de las figuras. Otros aspectos, en cambio, como el fascinante colorido, recuerdan a Gentileschi. Personalmente me ha llamado la atención la belleza y delicadeza de los rostros, por ejemplo en la Virgen de la Adoración de los pastores y el gusto por los detalles y ornamentos, como en la Adoración de los Reyes Magos, el mejor de los cuatro lienzos. Nótese también el aprovechamiento espacial en las composiciones, no tan sencillo como aparenta.

La Adoración de los pastores. Retablo de las Cuatro Pascuas


Adoración de los Reyes Magos. Retablo de las Cuatro Pascuas





Pentecostés. Retablo de las Cuatro Pascuas




Importantes son también, a pesar de su menor tamaño, los lienzos que sin duda estuvieron en la predela del retablo: los santos Juanes, esto es, San Juan Evangelista en Patmos y san Juan Bautista en un paisaje. Aquí lo de menos son las figuras y lo que más importa el paisaje que ocupa la mayor parte de los cuadros y en los que se ve el aprovechamiento de Maíno en sus estudios romanos sobre el paisaje, “de allí proceden la serena y umbrosa belleza de esos horizontes, ordenados en bandas paralelas, con delicadeza clásica y serna melancolía, asi como la gama de entonaciones grises y verde tan característica7. Otras cuatro pinturas que se exhiben en esta exposición, Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina, San Antonio Abad en un paisaje y La Magdalena penitente pudieron también formar parte de este retablo, según la propuesta que se nos hace.




Propuesta de reconstrucción del retablo de San Pedro Mártir, según figura en la exposición: 1. Santo Domingo de Guzmán; 2. Santa Catalina de Siena; 3. San Antonio Abad en un paisaje; 4. La Magdalena penitente; 5. Pentecostés; 6. La Resurrección de Cristo; 7. La Adoración de los pastores; 8. La Adoración de los Reyes Magos; 9. San Juan Bautista en un paisaje: 10. San Juan Evangelista en Patmos.


El retablo de San Pedro Mártir debió causar asombro en la Ciudad Imperial por su monumentalidad, colorido fastuoso y concepción de cada composición como prueba el hecho de que fuera imitado posteriormente 8 Ponz, en su visita al convento e iglesia en 1769 alaba el retablo del que dice “es uno de los mejores que hay en Toledo” y respecto de las pinturas de Maíno escribe que “manifestó en ellas su gran ingenio de invención, conocimiento del claroscuro, dibujo y mucha práctica del color” 9.

En el retablo de la iglesia del convento dominico permanecieron las pinturas de Maíno hasta la exclaustración de los religiosos, debida a los decretos desamortizadores del ministro Mendizábal (1835). A partir de entonces los lienzos de las Cuatro Pascuas de Juan Bautista Maíno sufrieron un duro peregrinaje cuyo rastro me he ocupado en seguir, consultando las oportunas fuentes 10

Las disposiciones sobre supresión de monasterios y conventos de religiosos 11 contenían medidas de protección y salvaguarda de edificios, archivos, bibliotecas, pinturas y demás objetos artísticos de los establecimientos suprimidos, a pesar de lo cual no se pudo (o no se quiso evitar) la sangría de estas obras de arte que fueron muchas ellas objeto de la rapiña y de la destrucción. Para poner coto o freno a esta situación, el Gobierno de María Cristina encomendó a una Comisión Nacional o, lo que es lo mismo, a la Academia de San Fernando, la papeleta de salvar lo que se pudiese del patrimonio provincial de bienes desamortizados y traer a Madrid aquellas piezas más valiosas con las que formar luego un Museo Nacional. A este fin la Academia nombró comisionados para que viajaran desde Madrid a las provincias limítrofes. Uno de estos comisionados, de nombre Juan Gálvez, se desplazó a Toledo donde permaneció recogiendo “preciosidades “ desde marzo a junio de 1836. En estos cuatro meses colectó para el futuro Museo Nacional 91 pinturas de los conventos toledanos suprimidos, entre ellos los seis lienzos del retablo de las Cuatro Pascuas de la iglesia de San Pedro Mártir 12.

Con todos los cuadros y esculturas que se pudieron recoger, incrementadas con la colección de pinturas incautadas al infante Sebastián Gabriel, pasado a las filas del carlismo, 13 se inauguró el 24 de julio de 1838, el Museo Nacional de la Trinidad, “cosa no muy perfecta” sito en el Convento del mismo nombre en la calle de Atocha, a la altura de la Plaza Mayor, donde se expusieron al público 516 cuadros, entre ellos los del Padre Mayno, sobre los cuales José Madrazo escribía a su hijo Federico, recomendándole la visita:

“Verás del fraile Mayno ciertos cuadros, con varias partes, ejecutadas con una variedad prodigiosa en la imitación y de un modo tan detenido y concluido que parecen de los autores flamencos en grande”.

Los cuadros siguieron en el Museo de Pintura y Escultura de la Trinidad, que tuvo una azarosa historia hasta su fusión con el Museo Nacional del Prado por Real Decreto de 22 de marzo de 1872, pero hete ahí que, después de la fusión, el Ministerio de Fomento tuvo la “luminosa idea”, para librarse de los fondos que ya no cabían en el Museo del Prado, de cederlos en depósito a museos provinciales, iglesias, universidades y a otros centros de naturaleza variopinta, muchos de ellos sin vinculación directa con el Arte. Es lo que Pérez Sánchez llamó la “disolución” o mas bien la “volatización” de los fondos del Museo de la Trinidad. En ejecución de tan “inteligente” decisión, el retablo de las Cuatro Pascuas de Maíno quedó disperso. Dos de sus cuadros: La Adoración de los Pastores y la Resurrección de Cristo fueron a parar a la Biblioteca Museo Balaguer de Villanueva y Geltrú (1883), inaugurado en aquellos años y otro, el más desafortunado, primero a la catedral de Córdoba (1896), más tarde al Museo Arqueológico de de Toledo, donde sufrió graves daños durante la guerra civil, como puede apreciarse en la fotografía adjunta, que obligaron a reducir sus dimensiones, volviendo en 1939 al Museo del Prado y por último pasó al Museo Balaguer del que fue robado en 1981, volviendo a sufrir daños 14. El conjunto fue reuniéndose paulatinamente en el Museo del Prado hasta completarse en la década de los 80 del pasado siglo. En el catálogo de las Pinturas del Museo del Prado de 1985 ya figuran los cuatro cuadros .

¿Y como quedó el retablo de San Pedro Mártir despojado de las pinturas de Maíno?, me he preguntado, luego de mi visita a la exposición. He consultado lo que escribe a propósito Sixto Ramón Parro, 15 apenas veinte años después de la exclaustración de los frailes (1835), cuando se trasladaron a ese conjunto de edificios los establecimientos de beneficencia de Toledo (inclusa, maternidad, asilo, hospital), en 1846,y refiere este autor que “se llenaron los vacíos de aquellas preciosas pinturas en el retablo con otras destituidas completamente de mérito, que representan algunos santos de la orden de Santo Domingo, pero considerados objetos de arte es menester cerrar los ojos por no verlos” . Una referencia más próxima (1983) es la del Inventario Artístico de Toledo capital 16, donde viene una fotografía del retablo y la consignación del detalle de que “los lienzos representan, a la izquierda, Santa Rosa de Santa María, y San Vicente Ferrer, en la derecha, a Santa Inés de Monte Policiano y San Jacinto", sin mención de posibles autores.

No satisfecho del todo, me he plantado en Toledo (a media hora de Madrid, en AVE), con el propósito de ver el retablo y los frescos de Maino que todavía pueden contemplarse en el sotocoro y los dos nichos del presbiterio 17 pero, ¡ay de mi!, me he topado con la iglesia cerrada por obras, no se sabe por cuanto tiempo, (no he visto cartel que lo indique) y además, me dice una amable voz anónima, contactada por teléfono, que para visitar esta iglesia se necesita normalmente un permiso especial del Vicerrector de la Universidad de Castilla La Mancha, de la que depende el campus de San Pedro Mártir. Me he de conformar, pues con la visita a los claustros, confundido entre los estudiantes de Ciencias Jurídicas y en tomar una fotografía de la portada de la iglesia y de su bella torre mudéjar.

Menos mal -todo tiene su compensación- que al lado se halla la iglesia de los jesuitas (Plaza de Juan de Mariana) y desde su atrevido mirador se puede contemplar una extraordinaria vista de Toledo que da por bien empleado el esfuerzo de la ascensión a lo más alto de sus torres gemelas. La visita al interior de esta iglesia barroca, previo pago de 2,30€, resulta también interesante.


Por último, para cerrar este artículo, propongo al lector, dos ejercicios prácticos: a) la visita imprescindible a la exposición de Maíno (hasta el 17 de enero de 2010); b) la lectura voluntaria de la leyenda “El beso” de Gustavo Adolfo Bécquer, tanto por puro placer literario, como por la actual conexión de las pétreas figuras de sus personajes con la iglesia de San Pedro Mártir.

© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2009

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NOTAS

1. Francisco Calvo Serraller. Un candil en las tinieblas barrocas. El País, 17 de octubre de 2009.

2. En el catálogo de los Cuadros del Museo del Prado de Don Pedro de Madrazo (décima edición, 1910) figura este cuadro (885) como “sometimiento y pacificación de los Estados de Flandes”, con la indicación de que Mayno (sic) pintó este lienzo para el Saloncete de las Comedias del Buen retiro. En el Catálogo del Museo del Prado de 1985 (Pérez Sánchez) figura ya como “Recuperación de Bahía del Brasil”. El lienzo fue llevado al Museo Napoleón; devuelto de París en octubre de 1815, estuvo en la Academia de San Fernando desde el 30 de junio de 1816 hasta 1827, en que se trajo al Museo.

3. Según Ceán, el padre Maino murió en 1649 en el colegio de Santo Tomás de Madrid, a los ochenta años.
4 Entiéndase que la valoración de la obra de Maíno es para el gran público. Los especialistas han estado siempre de acuerdo en destacar a Maino como una de las figuras mas importantes del naturalismo español en el siglo XVII. Pérez Sánchez y Angulo han destacado que su conocimiento directo del arte italiano le llevan a un arte personal de un fuerte realismo, pero matizado por tonalidades claras que hacen su obra singularmente atractiva e original en un panorama artístico español, de comienzos del siglo XVII, rigurosamente tenebrista .

5. Este retrato de caballero (“no parece un español”, dice el catálogo del Museo del Prado) perteneció a la colección de pinturas del infante Don Sebastián Gabriel de Borbón incautadas en 1835 y devueltas en 1859. En el inventario de pinturas de esta colección de 1835 aparece descrito como “un retrato de medio cuerpo, bestido a la antigua”. Fue adquirido por el Museo del Prado en abril de 1936 a Don Cristóbal Colón, casado con una sobrina de don Alfonso de Borbón Braganza, con fondos del legado del Conde de Cartagena.

6. Podría no ser correcta la atribución del retablo a Juan Bautista Monegro, tal como he podido leer en la exposición. Según las investigaciones de Fernando Marías, la arquitectura del retablo y sus esculturas son de Giraldo de Merlo y su aparejo en 1611 de los ensambladores Miguel Tomás y Gaspar Cerezo.

7 . "El Toledo de El Greco". Ministerio de Cultura. Dirección general de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas. Ayuntamiento de Toledo. Diputación Provincial de Toledo. Fundación Casa Ducal Medinaceli.1982. p.172.

8 Tristán copió elementos de la Adoración de los Reyes Magos en el retablo de Yepres (Toledo) y Orrente incorporó en muchas de sus composiciones las figuras semidesnudas recostadas, inspiradas en Maino.

9. Antonio Ponz. Viaje de España , 1 (Tomos I-IV), Aguilar, 1988, p. 195.

10 La narración siguiente hasta nueva nota esta extractada del estudio “Arte y Nación. Apuntes para la historia del Museo Nacional” del malogrado profesor José Álvarez Lopera, en “El Museo de la Trinidad en el Prado”. Museo Nacional del Prado , 2004.

11. Real Decreto de 4 de julio de 1835, por el que se suprime la Compañía de Jesús; Real Decreto de 25 de julio de 1835 por el que se suprimen los monasterios y conventos de religiosos que no tuvieran al menos doce individuos; Real Decreto de 8 de marzo de 1836, de supresión general de monasterios y conventos y, finalmente, Ley de 22-29 de julio de 1837 de extinción de todos los monasterios, conventos, colegios, congregaciones y demás casas de religiosos de ambos sexos en la península, islas adyacentes y posesiones de España en África.

12.La devolución de la colección al Infante don Sebastián Gabriel se produjo en 1859.

13. Toledo era en esas fechas, según informes del comisionado, un zoco en el que frailes y monjas vendían a manos llenas a unos extranjeros que “so color en mi concepto de hacer algunas visitas y sacar motivos de algunos fragmentos están en esta ciudad haciendo negociaciones”. La situación debía ser semejante en otras ciudades como Sevilla, donde según testigos, las obras de arte vendidas a extranjeros circulaban “en carradas”

14. En “El Toledo de El Greco” figura la información de que este cuadro estuvo depositado desde 1972 en el Museo Balaguer deVillanueva y Geltrú hasta el robo (grave atentado según el catálogo del Museo del Prado de 1985) de 1981, en que volvió a sufrir daños luego restaurados (p.175).

15. Sixto Ramón Parro. “Toledo en la mano”. Tomo II. Imprenta y librería de Severiano López Fando, 1857, p.61.

16. Inventario artístico de Toledo capital, Tomo I. Centro Nacional de Información Artística, Arqueológica y Etnológica 1983, p. 204.

17. En el muro de los pies, bajo el coro, se sitúa una Gloria con ángeles músicos que enmarcaban una imagen de la Virgen del Rosario, esculpida por Giraldo de Merlo. En el intradós del arco que sostiene el coro aparecen en ambos lados las figuras de Moisés y Aarón, con sus respectivos atributos, las tablas de la ley y la vara floreciente, portadas por niños. Sobre ellos en carteles sostenidos por “putti” se representan escenas de la “La zarza ardiente” y del “Encuentro entre Moisés y Aarón". En el centro, entre nubes, el Espíritu Santo y en la parte más extrema del arco discurre una franja decorativa de grutescos en pequeñas hornacinas donde se representan las virtudes teologales y cardinales teniendo en su centro a la Caridad. En los dos arcosolios se repiten, en mayor tamaño, a las virtudes cardinales, agrupadas dos a dos. Estos frescos corresponden, según el juicio de los expertos, a un momento no muy alejado de los lienzos del altar mayor y en ellos son perceptibles influencias de los maestros italianos Guido Reni, Saraceni, Elshesmer y Gentileschi, padre e hija. Naturalmente esto lo he leído,y así lo cuento, pero no lo he visto.

domingo 13 de diciembre de 2009

"Noche fantástica" de Stefan Zweig



Hasta el oro de la vida se baja por muchas minas
Stefan Zweig

“De una manera sigilosa -escribe Antonio Muñoz Molina- vuelven a la actualidad los libros de Stefan Zweig , después de muchos años de olvido o de ese purgatorio triste de las librerías de lance”. 1

Ciertamente, las obras de Stefan Zweig (1881-1942) fueron muy leídas en España durante los años 30 y 40 del pasado siglo. Una de sus biografías, la de María Antonieta, es fama que fue lectura predilecta de los refugiados en embajadas extranjeras en el Madrid en guerra. Otra de sus obras más conocida “Momentos estelares de la humanidad”, subtitulada “Cinco miniaturas históricas” (1927) alcanzó tiradas inusitadas en su época (más de 250.000 ejemplares) y en Alemania y Austria de entreguerras llegó a ser lectura obligatorias en muchas escuelas.

Más, con el trascurrir del tiempo, las obras de Zweig, perdieron popularidad. Se le consideraba “anticuado” pues sus novelas reflejaban un mundo desaparecido tras la Segunda Guerra Mundial, solo apto para nostálgicos y gente mayor. Antes de eso el escritor, que era judío y sufrió por ello la persecución nazi y el exilio, desengañado y deprimido por el curso de la guerra, se había suicidado junto a Lotty, su esposa en un hotel de Petrópolis (Brasil), el 22 de abril de 1942.

Durante los años de mi juventud, leí poco a Zweig, aunque una obra suya, quizás la única que llegó a mis manos y que luego no he vuelto a releer, “La piedad peligrosa” leila de un tirón en una espantosa colección popular (Reno) y confieso que entonces me impresionó profundamente. Ya no leí nada más suyo, aunque en mi biblioteca, en ese otro purgatorio de los libros comprados y no leídos, tengo varios títulos suyos: los inevitables “Momentos estelares”; “24 horas la vida de una mujer”; “Amok”;Los ojos del hermano eterno” publicadas por editorial Apolo de Barcelona en cuidadas encuadernaciones con pastas duras, además de alguna biografía, la de Dostoievsky, esta de Editorial Juventud.

En los últimos años ha renacido el interés por la obra de Zweig, especialmente a partir de la aparición de su autobiografía titulada “El mundo de ayer” (Editorial El Acantilado, ) calificada de “conmovedora”por la escritora Rosa Montero 2 y que todavía no he tenido ocasión de degustar, a pesar de las recomendaciones insistentes de algunos amigos (es una de mis deberes pendientes que espero cumplir en 2010).

Esta feliz recuperación de las obras de Zweig 3 se ve favorecida por las convicciones de que el autor hizo gala a lo largo de su vida y que están presentes en su obra: su pacifismo, su fe en el progreso moral de la Humanidad, puesto en entredicho a partir del ascenso del nazismo en su país, y sobre todo por su europeísmo, creencia en una Europa supranacional mas allá de las naciones que la forman y de los enfrentamientos bélicos entre ellas.

No obstante, a mi juicio, las anteriores son más bien razones editoriales que, consonantes con la situación actual del mundo, animan al rescate de sus obras. Lo fundamental, lo que más puede interesar, pienso, a las nuevas generaciones de lectores, son sus valores literarios, su habilidad narrativa, la perfecta descripción de caracteres y de ambientes, su conocimiento, en suma, “de los entresijos del alma humana”.

A este propósito tengo en las manos un libro de relatos de Zweig que quiero hoy recomendar a los lectores de este blog. Su título es “Noche Fantástica” (Narrativa del Acantilado, Barcelona, 2005) y esta integrado por siete magníficas narraciones: “Primavera en el Prater”; “En la nieve”; “Escarlatina”, despertar a la vida de un joven estudiante (“¿acaso todo lo desconocido y maravilloso que ansiaba no estaba unido a las mujeres, no eran ellas las guardianas de todos los secretos, seductoras y promisorias, deseosas y deseadas a un mismo tiempo”, pp. 71-72); “La institutriz”; “Novelita de verano”; “Noche fantástica”, que da título al libro, un extraño y apático joven siente en un instante de su vida un inusitado y repentino amor por sus semejantes (“Ahora sentía que debía abrirme, salir de mi con una palabra, con una mirada, compartir con los demás, derramarme, entregarme hacerme como todos, redimirme..., liberarme de algún modo de aquella costra dura de silencio que me aislaba del cálido elemento que fluía a mi alrededor”, p.212).

Dejo para el final mi preferido “El pago de la deuda atrasada”, vigoroso relato escrito en forma epistolar donde una mujer madura cuenta a otra un encuentro sorprendente con un artista, ídolo de su juventud. No es para contarlo, sino para ser leído.

A veces he oído decir que hay una literatura de hombres y otra de mujeres. Mas que distinción de géneros, por sus autores o lectores, lo que hay, creo yo, es buena o mala literatura. La de Zweig, es, no me queda duda, después de leer este libro de relatos, es de la mejor literatura. Decidme, cuando lo leáis, si estáis de acuerdo.

© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2009

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NOTAS

1. Antonio Muñoz Molina. La vida por delante. Un europeo. El País semanal (no guardo marcada la fecha).

2. Rosa Montero “Una pequeña luz en las tinieblas”. El País semanal 12.05.02
3. Últimamente se ha publicado una biografía de este autor, con el título de"Las tres vidas de Stefan Zweig", de Olivert Matuschek (Papel de Liar, 2009). Un libro rico y bien resuelto, en opinión crítica de Luis Antonio de Villena (El Cultural 24-12-09).

martes 8 de diciembre de 2009

La Condesa de Casa Flores

De entre las muchas y variadas exposiciones que actualmente pueden visitarse en Madrid hay una que en mi opinión no deben perderse los amantes del Arte. Me refiero a la titulada “Mirar y ser visto. De Tiziano a Picasso. El retrato en la colección del MASP”, en la Fundación MAPFRE. Salas de Exposiciones del Paseo de Recoletos 23 (hasta el 20 de diciembre). Se reúnen allí 33 obras maestras del siglo XVI al XIX procedentes de las colecciones pictóricas del Museu de Arte de Sao Paulo Assis Chautebriand con obras desde Tiziano, Velázquez, Goya, Franz Hals o Van Dyck hasta Corot, Manet (maravilloso su “Retrato de Marcellin Desboutin”), Cezanne, Toulouse-Lautrec, Modigliani o Picasso.

El título de esta muestra pictórica, aunque largo, es afortunado. Los retratos que vemos nos miran tanto como nosotros los miramos a ellos. Los retratados parecen que nos siguen por la sala con sus miradas y, a la vez que nos informan de si mismos, parecen interrogarnos acerca de nuestros gustos y sensibilidades.

El Museu de Arte de Sao Paulo Assis Chautebriand es una institución sin fines de lucro fundada en 1947 por iniciativa del periodista Assis Chautebriand (1892-1968) con la ayuda del crítico de arte, marchante y anticuario italiano Pietro María Bardi (1900-1999), director del museo hasta 1990. Ellos reunieron la más importante colección de arte europeo de Latinoamérica, especialmente de pintura italiana y francesa, en particular de pintura impresionista. La colección se formó mediante compras en las más reputadas galerías de arte europeas y norteamericanas, sobre todo entre 1947 y 1954, financiadas privadamente por donadores y mecenas, a cambio de transacciones y favores, con métodos de persuasión muchas veces criticables. Mas adelante sus fondos se nutrieron únicamente con donaciones. Es un museo muy didáctico que desde 1968 tiene su sede en la Avenida Paulista de la ciudad de Sao Paulo en un edificio singular proyectado por Lina Bo Bardi (1914-1992). 1

Este Museo tiene, a los efectos que nos interesan, una pequeña pero selecta colección de arte español entre las que figuran obras de Velázquez, (“Retrato del Conde Duque de Olivares”, adquirida en 1948, por 65.000 $, que figura en la exposición), El Greco, Zurbarán, Carreño, Goya y Picasso. De Goya tiene el Museo cuatro cuadros, que pueden verse expuestos en Madrid, creo que por vez primera y son a cual más interesante. El “Retrato de Juan Antonio Llorente”, (1813) autor de la “Historia crítica de la Inquisición española” y amigo del pintor; el “Retrato del cardenal Luis María de Borbón y Villabriga” (1783), del cual existe una réplica el el Museo del Prado; el “Retrato de Fernando VII” (1805-1808) y el que nos ocupa, el “Retrato de la Condesa de Casa Flores” ( 1790-1797) 2.


Retrato de la Condesa de Casa Flores 1790-1797. Óleo sobre lienzo 112 x 79 cm.

Reconozco que nunca antes había visto, ni siquiera en reproducción, este “Retrato de la Condesa de Casa Flores” (¿no será de Casa Florez?) y que me ha impresionado hasta el punto de haber acudido varias veces a contemplarlo. María Rafaela Gutierrez de Terán , que así se llamó la retratada, fue esposa del segundo conde de Casa Flores, embajador de España en Viena y San Petersburgo. En el catálogo de esta exposición se nos cuenta que este personaje estuvo relacionado con un episodio de la presencia portuguesa en Sudamérica y en Brasil. Parece que tuvo cierto protagonismo en un préstamo concedido en la plaza militar de Montevideo a un oficial portugués que representaba a la Corona y quien, con el dinero obtenido, pudo pagar a las tropas lusas asentadas en aquella ciudad que habían amenazado con regresar a la metrópoli. Como no conozco bien la historia del Brasil no puedo quitar o poner nada más al relato.

Pero, lo más importante no es el contexto histórico sino lo que la imagen de la retratada trasmite al espectador. Fijémonos en primer lugar en la blancura del vestido que lleva puesto la aristocrática dama. Ocupa un espacio considerable del lienzo y parece expandirse ante nuestra vista a medida que vamos bajando la mirada. Contrasta el blanco del vestido con el rostro, serio y poco agraciado, quizás un poco triste, de la condesa. Siempre me he preguntado por qué las mujeres de los cuadros de Goya nunca sonríen, salvo quizás las “Majas” que parecen dirigir una leve sonrisa cómplice a sus admiradores. Una interpretación que no me convence, es que quieren trasmitir una sensación de independencia frente al hombre, de valía por si mismas. Rose Marie & Rainer Hagen 3, lo llaman “marcialidad”, término que me resulta poco apropiado para una mujer. El cuadro sin desmerecer de su función documental, el retrato de la representada, presagia, en una época todavía temprana de su arte, una libertad creativa, mediante el tratamiento de la forma y del color, de la que hará gala Goya en años posteriores. Solamente por eso, y por el resto de los cuadros, algunos admirables, merece la pena, amigo@ que te acerques a la exposición antes de que llegue la Navidad.

© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2009 (última actualización, Enero 2010)
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NOTAS
1. Esta información está obtenida de Internet www.itaucultural.org.br

2. Véase P. M.. Bardi “Artistas españoles en el Museo de Sao Paulo” en Revista de Cultura Brasileña, editada por la Embajada de Brasil en España, número 44, junio de 1977, págs. 19 a33 (disponible en Internet).
3. Goya. Rose Marie & Rainer Hagen. Iberdrola. Tachen. El País 2007, p.44

miércoles 2 de diciembre de 2009

Muelles de Madrid



"Madrid nació muy tarde. Tiene la misma edad que una ciudad colonial. Eso la hace extraña en Europa: demasiado joven para poseer una belleza asentada, carece del casco medieval tan común en otras capitales del viejo continente. Nació después de la Edad Media, ya en la segunda era urbana de la cultura occidental. Tiene esa peculiaridad que implica una ausencia en la tradición, casi una ausencia de contenido. Ni es una ciudad posesiva ni es una ciudad que se deje poseer, pero es una ciudad muy hospitalaria, en parte porque es urbe reciente que está muy lejos de agotarse en si misma y que cada vez presenta una estructura mas abierta, de forma que de ser rompeolas de todas las Españas esta pasando a ser rompeolas de todo el mundo hispano”.

A esta ciudad hospitalaria, no demasiado antigua, rompeolas de mundo hispano -y aún de otros mundos mas alejados culturalmente,- que evoca Jesús Ferrero en el Epilogo, va dedicado este libro “Muelles de Madrid1, subtitulado “ Cuaderno de relatos madrileños” , cuya lectura he finalizado.

Soy, hace mucho tiempo, aficionado a los cuentos y relatos cortos. Tienen para mi la doble ventaja de su brevedad y variedad. Se leen en un pis-pas, sin importar el orden de su lectura, y si alguno te disgusta o aburre, siempre te quedan el deseo y la esperanza y de que el siguiente sea mas ameno y divertido.

Esto mismo ocurre en el libro que hoy nos ocupa y en el que el compilador, el malogrado Juan Manuel Gónzález, invitó a colaborar a 23 escritores madrileños o afincados hace tiempo en Madrid, autores, cada uno de ellos de un relato breve que tiene como protagonista o fondo de la historia a la ya multicultural capital de las Españas. Según se nos informa en la página de créditos del libro “La idea de Muelles de Madrid surgió el otoño de 2002 en el Círculo Literario de Madrid, donde se integraban, entre otros, los escritores Juan Manuel González, Joaquín Arnáiz, Eugenia Rico, Miguel Ángel del Arco, Paula Izquierdo, Fernando Martínez Laínez, Manuel Francisco Reina y Victor Claudín”.

Ha sido Madrid, ciudad muy favorecida por la literatura. No es momento ni ocasión de relacionar a todos los escritores que se han ocupado de Madrid desde Cervantes o Lope de Vega a Ramón Gómez de la Serna, pasando por Mesonero, Galdós o Baroja. De otra parte, desconozco si hay una antología medianamente decente, -completa me parece imposible-, de autores de relatos madrileños 2. En cualquier caso a esta extensa nomenclatura habría que unir los nombres, mas o menos conocidos, de los que aquí figuran y que, siguiendo el orden conforme al cual el compilador ha colocado sus relatos son los siguientes: José María Merino, Luis Mateo Díaz, Antonio Hernández, Pilar Paz Pasamar, Juan Manuel González, Tomás Val, Joaquín Arnáiz, Eugenia Rico, Carlos G. Reigosa, Javier Villán, Juan Van-Halen, Joaquin Leguina, Aurelio Loureiro, Miguel Ángel del Arco, Paula Izquierdo, Fernando Martínez Laínez, Manuel Francisco Reina, Victor Claudín, Francisco Muñoz Guerrero, Guillermo Galván, Manuel Rico, Sabas Martín y Jesús Ferrero.
Naturalmente los relatos, aun con un común denominador madrileño son muy distintos y de desigual valor. Me han gustado, por igual, los dos primeros, cada uno en su estilo. El de José María Merino, titulado “La impaciencia del soñador”, en torno a un personaje real el ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli, que convenció al rey Felipe II sobre la navegabilidad del Tajo, aguas arriba, de Aranjuez a Lisboa, combina, con la sabiduría que él solo sabe hacer, el relato histórico con la ficción de lo que pudo haber sido y no fue. Más cerca de la crónica histórica y literaria, Luis Mateo Díaz en “El balcón de los Austrias”, evoca las pasadas grandezas de este imán arquitectónico que es la Plaza Mayor, bien conocida y transitada a diario por el autor.

Del tercero de estos relatos, “Traiciones de la edad” de Antonio Hernández, me quedo con la frase final ¡Santo Dios, como les gusta a las mujeres complicar el mundo!. Tras el intimista y quizás autobiográfico, “El sustituto” de Pilar Paz Pasamar, anoto como uno de mis preferidos, precisamente el del compilador, Juan Manuel González, cuyo curriculum vitae figura generosamente detallado en la solapa del libro, a diferencia del de los autores sobre los cuales el lector hubiera agradecido algunas referencias. Su título es “Los Carabancheles. Colonia de la Prensa. Invierno de 1974”. La localización del pasado, escribe González, está en nuestra alma y, con esa nostalgia del tiempo fugado, el autor evoca una infancia (¿su infancia?) trascurrida en esa colonia madrileña de hotelitos, creada en su día como lugar de vacaciones para periodistas y convertida luego en un barrio obrero.

“Estación final”, de Tomás Val, es, a mi gusto (los derechos nos igualan, los gustos nos individualizan) el mejor relato de este cuaderno, digno de figurar en un antología de relatos fantásticos, junto a los mas afamados de los los maestros del género. Tiene intriga, misterio, moraleja, esta bien hilado y mejor escrito. He disfrutado con su lectura. Quisiera leer algo más de este autor.

Solamente discretos los dos siguientes: “El dique”, de Joaquín Arnáiz y “Selena” de Eugenia Rico (por cierto, ¿que tienen que ver con Madrid?). Relato culto y un tanto pretencioso “El espejismo que no cesa” de Carlos G. Reigoso e inquietante el excelente “La ventana” de Javier Villán.

También me ha gustado “Fondo de reptiles” de Juan Van-Halen, con cierto regusto político y ambiente de otra época, basado, según me comenta el autor en un suceso real. “Dobles parejas”, de Joaquín Leguina es poco más que un chascarrillo alargado en relato.

Aburrido, siempre en mi opinión, resulta el relato de “Vine buscando mi nombre “ de Aurelio Loureiro. Eficaz, “Castellana abajo” de Miguel Ángel del Arco y poquita cosa “Mi amante imaginario” de Paula Izquierdo.

Me ha divertido el relato del funcionario “rodríguez” titulado “Madrid, en verano y con dinero Baden-Baden" de Fernando Martínez Laínez, aunque, Fernando, la frase completa es “En Madrid, en verano, sin familia y con dinero Baden-Baden” y se atribuye a Francisco Silvela, no al Conde de Romanones.

Tremendista el que lleva como título “El género Portera” de Manuel Francisco Reina. Realista social, también en el lenguaje, “El espacio tiempo en Madrid”, de Victor Claudín, al igual que el posterior (me salto, por vez primera, el orden), “Via Crucis” de Sabas Martín.

Es amable el relato de Francisco Muñoz GuerreroUna tarde en el Roquedo” y muy bueno “Estigma de cal” de Guillermo Galván y, sobre todo, “Barrio de la Alegría", de Manuel Rico, como algún otro del cuaderno, en busca del tiempo perdido en el tránsito de la niñez a la “tierra inestable” de la adolescencia.

Remata el cuaderno, el Epílogo de Jesús Ferrero, parcialmente trascrito.

En fin, tantas opiniones hay, como opinantes. Estas son, amigo/@ seguidor de este blog, mis preferencias de lectura dentro de este cuaderno de relatos atracados, o más bien, deberíamos decir, atascados, en los muelles de un Madrid en permanente “estado de obras” .

© Manuel Martínez Bargueño
Diciembre, 2009

Notas.

1. Muelles de Madrid. Cuaderno de relatos madrileños. Compilador: Juan Manuel González. Biblioteca de Madrid. Silex, 2003.
2. Posteriormente he comprobado que la Comunidad de Madrid publicó en 1992 "Madrid en la novela". Estudios y selección de Julia Barella. Prólogo de Carlos Gómez Gual, en seis volúmenes.

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Gracias. Manuel Blas.